25 de mayo de 2005

Patrimony, de Philip Roth


PATRIMONY A True Story. By Philip Roth. 238 pp. New York: Simon & Schuster.

Patrimony
es la clase de libro que escribirías si, por ejemplo, lo hicieras para hablar de la persona que más quieres en la vida con todas sus miserias y sus glorias. Repito, con todas sus miserias y todas sus glorias. Y por supuesto, es necesario ser Philip Roth para escribir Patrimony y en dado caso resulta una mala noticia para todos nosotros. Pero qué bueno que ha sido Philip Roth quien nos ha escrito esta maravillosa historia. Porque qué resulta al fin y al cabo Patrimony si no una bella historia de amor filial. Muchos quisieron ver en el subtítulo (A True Story), el talón de Aquiles del libro. De entrada los invitaba a sospechar y a poner en la balanza las medidas de lo real y lo ficcional, de lo verdadero y de lo falso. Una discusión de ese talante, sin embargo, de poco sirve para pensar en este libro porque ya desde los títulos de su trilogía biográfica (The Facts, Deception y Patrimony) parece haber un alejamiento de todo lo abstracto para reducirse a los hechos, a las cosas tal y como son. La historia que recorre Patrimony es la historia de Herman Roth y su lucha contra un tumor benigno que le oprime nervios faciales y parte del cerebro y que a la postre lo llevaría a la muerte. De hecho es la historia de millones de personas que se ven aquejadas por una u otra enfermedad terminal. Algunos de los últimos narradores han hecho de la enfermedad su bandera narrativa. Son jóvenes maduros, inteligentes, cuyos libros están plagados de enfermos mentales, de viejos abandonados en asilos, Alzheimer, síndrome de Estocolmo, Sida, cáncer, locura. No sabría decir si es porque les resulta una manera fácil de anclarse a un mundo que no logran comprender del todo, o si en realidad se debe a que en sus mundos proliferan estas condiciones. La obra mayor de Jonathan Franzen, The Corrections, trata en mayor o menor medida del resquebrajamiento moral y físico de Alfred Lambert, y del probable descubrimiento de un medicamento que alivie los problemas del Alzheimer. En Patrimony son inexistentes los acercamientos abstractos o pseduo filosóficos hacia la condición terminal de Herman Roth. "A True Story" funciona mejor como la salvedad que Philip Roth se otorgó a sí mismo para evitarse el chantaje crítico y maquiavélico de confrontar lo real con lo ficticio, lo verdadero con lo falso. Con un movimiento típicamente belloviano, Roth amplifica la dimensión de su padre para otorgarle más que estereotipos o características un conjunto de esencias que mejor reflejan su paso por el mundo. La amplificación de Bellow, en dicho sentido, está más que probada: casi todos sus libros son nombres y nombres de personajes que tuvieron su referente en personajes de la "vida real": Ravelstein, Herzog, Humboldt, Augie, Henderson, Mosby. Además, es el propio Philip Roth quien se encarga de advertirnos que aunque es una historia real, eso real ha pasado por su genio literario. En cierto momento del libro, cuando se dirige en auto hacia casa de su padre, Roth toma mal una desviación que lo lleva directamente al cementerio donde está enterrada su madre. Por momentos piensa que dicho evento, amén de ser un retraso para su cita, es algo conveniente narrativamente hablando. Y hacia el final de libro leemos la confesión que intuíamos, que mientras su padre enfrentaba los rigores de la vida cayéndosele a pedazos, su hijo escribía partes de un libro con él como personaje. Lo que nos encontramos es un libro increíblemente triste e increíblemente divertido. La dignidad de Herman Roth ante la debacle de su propio cuerpo es el tema de fondo. Y no lo es lo metaliterario.
Una suerte de materialismo inmediato recorre el libro: el cuerpo, la enfermedad, la excrecencias, la mierda; el hijo guardando en el bolsillo la dentadura postiza de su padre; el hijo limpiando el desastre de mierda que el padre, medio ciego, ha hecho en el baño con su consecuente vergüenza y caída moral. Esta capacidad fotográfica o capacidad literal parece provenir de Hemingway si no fuera porque Hemingway nunca gozó del humor del que sí gozaron los escritores siguientes. Más bien uno piensa en Mark Twain y en la capacidad de establecer correspondencias entre lo trágico y lo humorístico. Además, en Hemingway los propósitos servían para establecer jerarquias entre los hombres, entre los perdedores y los poderosos.
Al final lo que Roth nos deja es una lección de lealtad, lo que sus magníficos dones le permiten para amplificar y dar volumen a un hombre que amaba.

Por último, ya no hablo del Nóbel ni de esas cosas. El crescendo otoñal (como dice Fresán) de su producción creativa es prueba más que evidente de que tras la muerte de Saul Bellow Pipik es el mejor novelista estadounidense de hoy día. Amén.

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Ficcion en
New Yorker: David Bezmozgis, The Russian Riviera
The Paris Review: A.S. Byatt, The Narrow Jet
Suplemento Arena: Luis Tamargo, Ventanas encendidas.

Reseñas
Village Voice, J. Oberman
H.P. Lovecraft: Against the World, Against Life

By Michel Houellebecq, translated by Dorna Khazeni
Believer Books, 247 pp., $18

Nuevos Links (revistas)
La mujer de mi vida (de Argentina)
La Movida Literaria (Blog)

Noticia
The Paris Review
A partir de junio The Paris Review pondra en linea las entrevistas de la decada de los 80.

22 de mayo de 2005

Penguin again

Hear Penguin. Sample Penguin. Remix Penguin


No pierdan su tiempo. Yo sólo bajé Un pequeñísimo fragmento de On the Road leído por David Carradine, un remix de William Blake y el comienzo de Moby Dick. A lo que hemos llegado. ¿Dónde están las bellas ediciones de tapas duras, y la manta, y las pantuflas? ¿Y la mecedora?

20 de mayo de 2005

Six- Sex



En el blog de La Petite Claudine encuentro esta noticia sobre la posible filmación de la gran y divertida novela de Martis Amis, London Fields. El asunto sobre quién pueda interpetrar a Keith o a Guy podría resolverse pero la cuestión más interesante es quién cabe en el papel de Nicola Six, la mujer fatal más rara, inteligente, tonta y apocalítica de la que se haya escrito. Aquí la nota de La Petite.

Y más o menos cómo me imagino a Nicola Six:


(ms)

18 de mayo de 2005

A Room Of One's Own y 500 libras



Para las pulcras y comprometidas conciencias latinoamericanas esto puede ser el colmo. Para otros no tanto. Y si hacemos memoria no es algo anormal dentro del mundo de las letras que una buena obra sea escrita en poco tiempo: El jugador, de Dostoyevsky, tres semanas, me parece: Las cuitas del Joven Werther, tres o cuatro semenas, me parece también; Crimen y Castigo también pocas semanas. De hecho, se rumora que la gran novela de Daniel Sada, Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, fue escrita en tan sólo dos semanas en un período de depresión moral y estreñimiento. Nunca lo sabremos. Tampoco es una sorpresa que el reality haya alcanzado las altas esferas de la literatura. Hace unos dos años, Robert Olen Butler hechó a andar un proyecto de escritura bajo el auspicio de la Universidad de Iowa en el que se colocó frente a una cámara durante las diecisete noches que ocupó en escribir un relato. Muchos escritores latinoamericanos se sorprenderán no de que alguien se coloque ante las cámaras sino de que un escritor ocupe 17 noches en modelar más o menos un relato teniendo en cuenta que ellos lo escriben de dos sentadas. Pero así son las cosas.

Ahora se trata de un proyecto de Flux Factory, un colectivo que ha construido tres habitats para tres escritores.

“habitats”—human terrariums, essentially, into which writers would move for a month’s time, as part of a “living installation” called “novel.”

Ingresaron apenas este 7 de mayo y se espera que salgan de ahí el 4 de junio con un libro acabado bajo el brazo. El New Yorker tiene una reseña muy buena de Ben McGrath. Y The Old Town Review los detalles completos, incluidos los blogs de los tres escritores encerrados.

Nuevos links: Mother Jones, The New Republic.

Mauricio Salvador.

Ni son todos los que están ni están todos los que son.



Mientras mi madre me plancha los pantalones y me sirve de comer, dejo aquí estás dos páginas que encontré ayer sobre los autores que hoy día están dando de qué hablar tanto en EU como en España. La lista para muchos será injusta, no lo sé, y para otros tendrá inclusiones falsas, eso tampoco lo sé. Sólo lo dejo aquí por si a alguien le interesa. Yo doy mis preferidos: David Eggers, como editor y cuentista: Lethem, como cronista y bello articulista del Nyorker; Palahniuk como desmadroso y Foster como incomprensible. Del lado de España no sé muy bien. Que alguien me recomiende algo, por el amor de dios.
The Next Generation: Foster Wallace, Lethem, etc. A Lorrie Moore la deben considerar ya demasiado veterana para estas lides. Aún así tiene la misma edad que Richard Powers.

La novela que viene: Ayer vi a Eugenia Rico en un programa del 22 y me gustó tanto que busqué fotos donde apareciera desnuda pero solamente encontré esta página de los nuevos del barrio.

The Next Generation (consolas)
El cuento esta semana en el New Yorker, Two's Company, by Jonathan Franzen. Aquí mi reseña de Las correcciones, So, it is the Great American Novel or What?
(ms)

14 de mayo de 2005

How to be a jewish fella.. (Reseña Mix)


En una parte de los Diarios, Kafka dice: “Un escritor que no escribe es una monstruosidad”. Bueno, suena un poco exagerado, pero los escritores casi siempre se han arrogado esta proporción cósmica para medir las cosas y los días, y entre líneas uno bien puede distinguir la sencillez de la cuestión. Un hombre que finge ser lo que no es, sí es, simplemente, monstruoso. ¿Pero qué pasa cuándo tú eres tú y la gente cree que eres otro? O, para decirlo de una manera menos estúpida, ¿Qué sucede cuando las circunstancias te obligan a reafirmar tus coherencias y a demostrar de una vez y por todas que eres un jodido ser humano?

En todos sus años, Saúl Bellow amplió esta proporción cósmica típicamente judía. Antes, incluso en muchos cuentos de Bernard Malamud, esta desproporción entre la vida y el rito se densificaba plenamente entre los autores plenamente judíos. Ser judío y vivir las tribulaciones de serlo es un motivo que refrescó a los autores. Hoy día, ser un autor judío y reservarse el derecho a ser llamado sucesor de Bellow, Malamud o Singer, es una cuestión típica y de motivos.
Nathan Englander escribió su primer libro a los veintiocho años. Y en su momento fue comparado con todos los de arriba, pues sus relatos mostraban al rojo vivo las tribulaciones del hombre y la mujer judíos. Cierto. De hecho, sorprende que la tradición norteamericana siga dando escritores tan buenos y tan jóvenes. Englander, como muchos otros, parecen haber nacido con el código estructural de una historia. Lo saben hacer. Lo malo es que mucha de la literatura que pretende crear un mundo judío es literatura de prestado. Por lo menos esa fue mi impresión al leer Para el alivio de insoportables impulsos (Lumen). Muchos de los cuentos son copias muy bien hechas de los cuentos de Malamud. No más. Quizá lo más significativo es el último relato que, muy aparte de la corriente tragico-cómico-realista de los primeros, se sumerge en las heladas aguas del posmodernismo y nos trae una historia de terrorismo actual en Israel, donde el joven americano Nathan vive con su novia. A lo mejor este es el estilo propio de Englander. Mal para él porque ya no conserva la vivacidad ni la irrisoria realidad de los cuentos anclados en la tradición Singer-Malamud-Allen. Y cuando es comparado con ellos -¡y con Bellow!- sólo es para mantener con vida esta tradición cómica aunque no haga falta de ningún modo. Aún así es un excelente primer libro de cuentos.
Cuatro años después que Englander, el nuevo profeta del cuento judío llegó por medio de un muchacho emigrado de Latvia y posteriormente radicado en Canadá. A sus 29 años escribió Natasha and other Stories que causó un éxito inmediato y las mismas adjetivaciones que al anterior. La diferencia entre uno y otro es que David Bezmozis parece tener una autoridad y una sencillez más humana que Englander y no aprovecharse de los recursos fáciles de la desproporción judía. Se le comparó con Roth y alguien más pero el Roth que escribió Good Bye. Columbus, y posteriormente Portnoy´s Complaint y When She Was Good, poseía una expansividad que resulta difícil de emular o seguir. Lo más interesante de Bezmozgis es su filiación con un autor que ha influido en mucha de la ficción corta contemporánea y que en México y Latinoamérica es prácticamente inexistente: Leonard Michaels. Su libro The Girl With The Monkey, que representa la suma de su visión literaria, se escapó desde los setenta de las restricciones de escribir literatura judía y escribió cuentos fársicos y realistas, experimentales y trágicos. Su cuento más famoso, Viva la Tropicana, muestra la cercanía que tuvo con el modo de vida latino. No sólo ese cuento sino muchos otros. Su realismo va a caballo entre los realistas y los posmodernistas. Como casi todos, últimamente. Pero no hablaba de Michaels (muerto en el 91, creo), sino de David Bezmozgis. Excepto tres, leí todos los cuentos del libro gracias a la Internet. Y de primeras a primeras me sorprendió que poseyera una maestría arquitectónica tan grata y legible. Su lenguaje seco, despojado de adornos, es además el perfecto vehículo para narrar las historia del joven Mark Berman, un inmigrante ruso que llega a Toronto, cuya familia debe enfrentar las nuevas condiciones de lenguaje y costumbres. Se escribieron muchas reseñas en su momento. El mismo Rodriguito Fresán escribió la suya, así que dejaré de esforzarme en escribir algo inteligente. Lo que me queda muy claro es que estos primeros libros de autores que quizá no brillen más allá de su primer big bang, son muestras claras de una narrativa corta que muchos ven en franca decadencia. No lo creo así. Los escritores de cuentos en Latinoamérica (y me incluyo entre ellos) deberíamos comenzar por ver que la vida (y el cuento de esta vida) no es sólo asunto de tertulias baratas y motivos prestados. Ayer hablaba con un amigo sobre una frase de Bellow (seguimos de luto, disculpen) en la que ponía de patente que los hombres de otras profesiones han comenzado a ver con condescendencia a los escritores. Y es así porque las miras y los motivos de los escritores de ficción parecen restringirse o salir de la manga. El cuento realista y doméstico es desprestigiado ipsofacto en aras de ideas arraigadas desde hace varias décadas. Dicen que el lector debe involucrarse, que la lectura pasiva no se lleva con la literatura. Y dicen bien. Pero para llegar a ello han creído necesario crear aparatos narrativos que pretenden ser inteligentes y posmodernos, y escriben sobre la escritura y sobre la literatura misma, y sobre el lector. Pero yo sé de buena fuente (porque soy lector y me fascina leer historias) que muchos lectores no quieren que se les hable mucho de ellos mismos. Quieren (como yo quiero) conocer cómo son los mundos de los otros. Quieren ver narrado un juego de beisbol con los ojos particulares de un hombre. Pero esto lo descartan ipsofacto. El cuento realista es descartado. Y cuando no lo es, se confunde al cuento realista con ambientes extremos o lenguaje idiota o provinciano. La misma crítica sufre la misma parálisis. Se critica un cuento con las mismas frases de hace décadas. Y eso hace imposible la sinceridad.

El primer párrafo de esta reseña mix lo escribí porque en un principio quería hablar de la novela de Arthur Miller, Focus, cuya versión cinematográfica acabo de ver hace unos días por cortesía de Daniel. Focus es la historia de un americano cristiano y trabajador que después de comprarse unas gafas para resolver su problema de visión comienza a ser tomado por judío por su apariencia. En los años de posguerra corrió por todos los EU un sentimiento antisemita que Miller transmitió de manera viva y que en su momento provocó escándalo pues dejaba a al vista un problema que nadie quería ver. Esta confusión, en dichos momentos, lleva Robert a confrontar las injusticias que viven los judíos en ciertas comunidades blancas, por no decir que en la mayoría. En determinado momento su esposa dice: “Pero somos lo que parecemos, ¿no?. Mister Lorring sólo sabe lo que ve.” Arthur Miller dice que Roberto era una persona que tuvo, un día, que demostrar que era, ante todo, un ser humano. Y para demostrarlo tuvo que confrontarse a si mismo y mirar que lo que daba por un hecho no lo era. Al final debe ser coherente y demostrarle a los otros que un hombre, si quiere ser hombre, no debe fingir que lo es. No es una historia épica, no es una historia monumental ni juega con los tópicos judíos. Reflejo casi literal de la novela el filme trasmite en cierto grado lo absurdo de esta batalla por demostrar que se es alguien diferente de lo que la gente cree, pero en el buen sentido de la palabra. Una historia sencilla pero tensa y en el fondo compleja que narra la vida de un hombre: Un hombre. Nadie debe hacer uso de pistolas ni de efectos extraordinarios. Al final una pelea con bates de beisbol. Robert demostrándose a sí que vale la pena pelear por estas pequeñeces. Cambio y fuera. Mauricio Salvador

8 de mayo de 2005

Domingo...y una intima tristeza reaccionaria.


As a child, he holidayed in the house where his grandfather murdered his grandmother. Then, while Brad Pitt was filming his bestseller Fight Club, his own father was killed by a love rival... Chuck Palahniuk doesn't have to go far for inspiration for his dark novels. Interview by Sean O'Hagan

El Guardian publica una entrevista con Chuck Palahniuk, autor de Fight Club. Y en el mismo suplemento otra entrevista con Javi Marias a proposito de su nueva novela que, dicen, ya la comparan con En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Tambien salio el nuevo numero de Letras Libres con un aburrido, insipido y ordinario articulo de Hugo Hiriart sobre Saul Bellow peor que el de la wikipedia y en todo caso menos informado. La verdad es que me puso de mal humor leer semejante articulo en una revista que goza de tanta difusion. Supongo que Rodriguito Fresan pensara lo mismo. Ademas toda la algarabia de siempre.

Fuera de eso no encuentro nada interesante que pegar aqui. Mas links: La seccion de Libros y Critica de la Revista Nexos (interesante), y la seccion de Cuentos de la revista Etcetera (decepcionante).

AVISO:
A lo mejor nadie lo pide ni lo necesita pero próximamente (o como diría Daniel: Coming Soon), esta bitácora se expande a mejores y más amplios horizontes con reseñas semanales de cine y video. Mientras tanto un vistazo a nuestra nueva bitácora:

DE ÚLTIMO MOMENTO: Hace una semana el Moleskine de Iván Thays presentó un blog dedicado enteramente a la obra de Borges. Se puede formar parte de la bitácora siempre y cuando creas que tienes algo nuevo que decir sobre el autor de los caminos que se entrecruzaron o algo así. Si no tienes nada nuevo bajo la manga, no te molestes, por favor.
(ms)

4 de mayo de 2005

We'll Map Manhattan

By JONATHAN LETHEM

Es curioso pero el primer libro de Kafka que cayó en mis manos no me pareció tan bueno como sin duda tenía que ser, pero en aquel entonces casi todo lo malo me parecía bueno y alrevés. Jonatham Lethem comparte algo parecido en su más reciente ensayo, una larga reseña del libro de Roberto Calasso sobre Kafka, K. Con la brillantez que lo caracteriza Lethem hace un viaje por su propia lectura de Kafka, la que vio generalizada por los tópicos alrededor de Kafka, y por último sobre Calasso. Interesante.


Lo otro, que apareció también en el NYT la semana pasada, fue una ocurrencia de un tal Randy Cohen, que ha propuesto crear un mapa literario de Manhattan. Su proyecto consiste en crear un mapa virtual habitado por los personajes neoyorkinos de todos los tiempos, desde los inolvidables como Holden Caulfield, hasta personajes de autores más jóvenes. Uno, al menos yo, se pone a pensar en todos aquellos personajes que lo hicieron feliz, como los ascensoristas de John Cheever, o los personajes de Lorrie Moore, o de Capote, o los judíos de Bashevis Singer. La convocatoria se abrió con un artículo en el NYT y la gente puede mandar a su personaje, la dirección, o probable dirección en NY y ya está. Una de las tantas manera de ocupar tu tiempo.
Clave para el NTY:
waterlib
water
(ms)