31 de julio de 2005

Las mejores según José Agustín.


Mi opinión básica, personal, e ignorante

Leí y me gustó.

Leí y me parece basura.
No he leído
No me interesa leer.
Leí y no sé qué decir
Estamos jodidos


Las elegidas

Mariano Azuela: ‘Los de Abajo’ (1915).
Martín Luis Guzmán: ‘La sombra del caudillo’ (1929).
Rodolfo Usigli: ‘Ensayo de un crimen’ (1944).
Agustín Yáñez: ‘Al filo del agua’ (1947).
Josefina Vicens: ‘El libro vacío’ (1952).
Juan Rulfo: ‘Pedro Páramo’ (1955).
Rosario Castellanos: ‘Balún Canán’ (1957).
Sergio Galindo: ‘El bordo’ (1960).
Elena Garro: ‘Los recuerdos del porvenir’ (1963).
Juan José Arreola: ‘La Feria’ (1963).
Vicente Leñero: ‘Los albañiles’ (1963).
Jorge Ibargüengoitia: ‘Los relámpagos de agosto’ (1964).
Gustavo Sainz: ‘Gazapo’ (1965).
Salvador Elizondo: ‘Farabeuf’ (1965).
Rafael Bernal: ‘El complot mongol’ (1969).
José Revueltas: ‘El apando’ (1969).
Elena Poniatowska: ‘Hasta no verte Jesús mío’ (1969).
Juan Vicente Melo: ‘La obediencia nocturna’ (1969).
Paco Ignacio Taibo II: ‘Días de combate’ (1976).
Luis Zapata: ‘El vampiro de la colonia Roma’ (1978).
Gerardo de la Torre: ‘Muertes de Aurora’ (1980) Y no doy un duro.
José Emilio Pacheco: ‘Las batallas en el desierto’ (1981) Tampoco doy un duro.
Jaime del Palacio: ‘Parejas’ (1981).
Juan García Ponce: ‘Crónica de la intervención’ (1981).
María Luisa Puga: ‘Pánico o peligro’ (1983). Tampoco.
Sergio Pitol: ‘El desfile del amor’ (1983).
Angeles Mastretta: ‘Arráncame la vida’ (1985).
Héctor Manjarrez: ‘Pasaban en silencio nuestros dioses’ (1987).
Fernando del Paso: ‘Noticias del imperio’ (1987).
Laura Esquivel: ‘Como agua para chocolate’ (1989).
Enrique Serna: ‘Uno soñaba que era rey’ (1989).
Carlos Montemayor: ‘Guerra en el paraíso’ (1991).
Juan Villoro: ‘El disparo de Argón’ (1991).
Luis Humberto Crosthwaite: ‘El gran preténder’ (1993).

Sí, creo que me hace falta leer un poco más. ms.

24 de julio de 2005

The Rise And Fall

Algo que no podía dejar pasar es la reseña que el New York Times hace de un libro que narra la gloria y la caída de un espectáculo simplemente grandioso. Afortunadamente no tuve una infancia tan infeliz y pude ver a los GlobeTrotters en el gimnasio Juan de la Barrera y otra vez en el de Oceanía. En términos estrictos, sin no lo han visto, son unos fantasmas.
SPINNING THE GLOBE
The Rise, Fall, and Return to Greatness of the Harlem Globetrotters.
By Ben Green.
Password NYT waterlib water
ms.

23 de julio de 2005

El DNA de la literatura, según The Paris Review.



The Paris Review acaba de lanzar las entrevistas de la década de los setenta que cuenta, entre otros, a Gore Vidal, Pablo Neruda, John Cheever, William Gass, John Gardner, WH Auden. Para agosto próximo se espera que lancen la década de los ochenta. ms.

21 de julio de 2005

Guía

Ayudamemoria particular que acaso pueda servirles. Aquí trataré de reunir todo lo referido a certámenes y otras yerbas.
Que sea de utilidad para concentrar la información que se busca.

18 de julio de 2005

You're ugly, too


Hace unos momentos terminé la traducción de You're Ugly, too, la primera historia aceptada por los editores del New Yorker, en 1989. Desde entonces el cuento ha ganado diferentes distinciones y sido antologado en The Best American Short Stories, 1989, The Penguin Book of International Women's Stories y The Best American Short Stories of the Century, editado por John Updike y Katrina Kenison. En español se han traducido ya tres de sus libros, dos de relatos y una novela. De Like Life, el volumen que contienen You're Ugly, too, parece haber dos traducciones. Fuera de eso las noticias sobre la obra de Lorrie Moore no llega a los países de habla hispana sino a cuentagotas. Las traducciones argentinas se publicaron a principios de los noventa, bastante frescas todavía las publicaciones originales, pero no alarmaron a nadie. Ahora, después de leer por quinta o sexta vez esta historia me di a la tarea de traducirla y compartirla con quien quiera. La historia de Zoë Hendricks es aparentemente sencilla pero cada uno de sus entresijos luce pleno de significados. Como muchas de las historias de LM tiene la capacidad de hacerte sentir que vives con personas complejas a tu alrededor, todo el tiempo. La tarea de traducir el relato fue igualmente agradable. La generosidad de Lorrie Moore te pone a pensar en todos esos escritores estúpidamente combativos que prometen el cielo y se escudan tras una idea bastante extraña sobre el lenguaje. Todo el tiempo quieren golpear al lenguaje y al lector, hacerlos trizas, pero pocas veces se comportan de manera generosa para mostrar su mundo sin ambages ni máscaras. Piensan como gramáticos o como funcionarios y hasta como policías, pero no dicen nada sobre la búsqueda moral de la literatura.
Hay muchísimas cosas que se podrían decir del relato. Pero eso, supongo, dependerá de cada quien, de lo que cada quien vea en el cuento. También hay un montón de links sobre Moore y otros con fragmentos o piezas enteras de su trabajo. Si alguien lee el relato espero que deje aquí sus comentarios por cualquier estupidez gramatical o de sentido El cuento está aquí.

LINKS


Featured Author, NYT: Lorrie Moore.
Lorrie Moore Profile, por Don Lee.
Moore's Better Blues, entrevista en Salon.com
Pájaros de América, en Babab.

Relatos y extractos
Agnes Of Iowa, en Granta
If Only Bert Were Here, en el NYT
How to Become a Writer, NYT
Willing, primera historia de Birds Of América

Como la vida misma, traducción en español, editorial Salamandra
El hospital de las ranas,

Mauricio Salvador.

16 de julio de 2005

El sujeto encerrado ahí




Reseña de Efraim Medina Reyez, tomado de La Movida Literaria.

La novela de Harold Brodkey, Esta salvaje oscuridad, subtitulada La historia de mi muerte, es, por exacta lógica, una de las más vitales que haya leído en mi vida. Cada línea sucumbe al ansia sobrehumana del escritor por exprimir al máximo ese conteo regresivo. Desde las dos primeras palabras: Tengo sida, Brodkey nos informa que la retórica no tiene cabida en su texto. Pero no vayan a creer por eso que se trata de un panfleto lloroso, Brodkey la escribió con toda la franqueza, crueldad y desesperación posibles. La carga emocional párrafo tras párrafo no da tregua, ni una línea se desperdicia porque quien la escribe sabe que puede ser la última. Uno lee y queda atrapado sólo que esta vez no hay trucos ni sorpresas, el sujeto encerrado allí está diciendo la jodida verdad y la verdad, como todos sabemos, es una joya terrible que no hace concesiones. Pero para un escritor, y Brodkey es de los mejores que han existido, la verdad es sólo una parte. Mucha gente en el mundo tiene sida pero eso no significa que escriba novelas extraordinarias. La verdad es el punto de partida, la apuesta esencial, sin ella ninguna literatura importa. Ella sostiene y justifica el artificio. Brodkey sabe que va a morir, de hecho murió, pero no cede un ápice en su intención de tejer en forma perfecta esa agonía. No quiere compasión ni distancia, exige entrar con él hasta el borde mismo de esa salvaje oscuridad.
La primera obra de Brodkey se publicó en 1954, se trataba de una colección de relatos que tituló Primer amor y otros pesares; entonces tenía 24 años y no le dolía un hueso pero aquellos exquisitos relatos que sedujeron a John Cheever, tenían la extrema franqueza y honestidad de su última novela. La literatura contemporánea, que podría prescindir de tantos escritores, no sería la misma sin Brodkey.

Creo que precisamente eso que prima en Brodkey, y en todo escritor que valga la pena, es lo que falta a menudo en la nueva literatura latinoamericana. Muchas veces leer a mis contemporáneos me resulta un fastidio, no se trata sólo de las pretensiones, los lugares comunes y el oportunismo de las historias: es algo peor, es sentir que son escritores de juguete. No hay pasión ni compromiso en ellos y me refiero al compromiso visceral, emocional e intelectual que debe haber entre el escritor y lo que escribe. La mayoría de nuevos escritores latinoamericanos tienen una idea casi suntuaria de la literatura, lo que escriben no pesa, no significa un pito. Obvio que cada quien tiene sus propios intereses y temas para abordar, lo triste es convertir la literatura en una fórmula. La literatura debería ser una experiencia única, cada libro que escribimos debería llevarnos al borde del delirio, abrir nuestra mente, estremecer los cimientos de nuestras convicciones y no creo que esto se logre haciendo astrología o pasando noticias y desgracias ajenas a formato de libro. Los temas de la literatura son infinitos, Ray Bradbury, por ejemplo escribió sobre marcianos. Sin embargo, los marcianos de Bradbury son más intensos, reales y vecinos a nuestro vértigo que tantas historias y personajes de la nueva literatura latinoamericana. Y es que Bradbury no usó a esos marcianos como truco publicitario, ellos le sirvieron para retratar en forma esplendida lo deformes, feroces y egoístas que somos los seres humanos. Y si son tan creíbles esos marcianos es porque están hechos de la fibra íntima de Bradbury. El escritor y sus criaturas son caras de la misma moneda. Nadie te pidió escribir, cuando se toma esa decisión se asumen todas las consecuencias que entraña. Escribir es un acto personal, un secreto que deseamos compartir con el resto del mundo así que no deberíamos quejarnos cuando ese mundo nos pida cuentas. La literatura es un arma poderosa que debe estar a favor de la vida, debe arriesgarse, debe intentar ir más allá de los cócteles y de los pequeños círculos aduladores. Como decía Capote, hay grandes diferencias entre escribir y escribir de verdad. Me decepciona ese tipo de escritores que hacen carrera imitando la literatura, esos inexpresivos cronistas de lo inmediato y peor aún los falsos gurúes. Pensar que fábricas de mierda como Pablo Cohelo, JK Rowling o Dan Brown tenga algo que ver con la literatura es una imperdonable estupidez .

Está claro que el negocio de las editoriales es vender libros pero, aunque algunos editores no logren captar la sutil diferencia, los libros no son papas fritas. Esta claro que escribir es un oficio y tener lectores más que una ambición es una necesidad. Otra cosa es rebajarse, como ese saco de mocos llamado Isabel Allende, a escribir novelas por encargo. Odio ese tipo de gente, no puedo evitarlo. Me gusta escribir porque me ayuda a sobrellevar mis taras y encontrar algo de belleza en este bosque automático donde existo. No empecé a escribir, y jamás lo haré, porque pensara que podía ganarme la vida con esto. Escribir fue la única cosa que tuve cuando no tenía nada, escribir me salvo la vida y logró que aceptara ser esta maldita cosa que soy. Respeto este oficio, he leído a grandes escritores y sé que las bibliotecas del mundo están repletas de libros valiosos que no alcanzaré a leer, por eso detesto a quienes pierden el tiempo leyendo mierda de fábrica. No tengo nada contra el dinero; si pudiera compraría un yate de lujo para que lindas top models divirtieran a mis amigos, pero no voy a vender el alma por eso. He peleado duro para conservar mi dignidad y quiero morir con ella.

Un escritor está solo frente a su criatura, él debe ser su crítico más eficaz y despiadado. Afuera sólo se trata de vender y si vendes tendrás el abrazo del editor y el apoyo de los medios masivos de comunicación. Para los medios es fácil crear fenómenos, día tras día ellos pueden inflar a cualquier mamarracho y convertirlo en estrella. Miles de personas comprarán tu libro pero debes tener claro que no siempre ser vendido significa ser leído y que los tinacos de basura se llenan cada hora de libros inútiles. Tampoco se consigue mucho intercambiado opiniones con otros escritores, a la mayoría sólo les interesa lamerse el culo mutuamente. Quien los critique en serio se convertirá de inmediato en su enemigo. Por eso hay que afinar bien la autocrítica y recordar que la autocrítica es una función delicada; cualquier premio o sobredosis de halagos pueden averiarla y ya sabes que los premios son como el pescado para la foca amaestrada. Leyendo a ciertos escritores de nuestra más reciente literatura uno puede saber los estragos que causa tener averiada la autocrítica. He perdido amigos por expresar mi opinión de forma sincera y algunas veces me han dicho que debería sólo sonreír y seguir la corriente, pero no puedo. Fui educado por una madre recia y honesta. Ella siempre dice que no se trata de tener muchos o pocos amigos, basta que sean amigos de verdad.

Sin duda hay expectativas en Europa por la nueva literatura latinoamericana pero eso no significa que será fácil abrirnos espacio. Allá como en cualquier parte del mundo todo va rápido y pasa pronto. Estuve buscando en librerías de Barcelona, París y Milano a escritores latinos que, según los medios, estaban de moda en el primer mundo y no los encontré. Miles de libros cada día desplazan a otros en los estantes y mostradores de esas librerías. O vendes o te jodes es la ley del mercado. Bajo esa ley convertirse en moda es como tomar las medidas de tu propio ataúd. Sabemos que nuestros medios no cesarán de convertir a cualquier ciclista, conductor de autos o cantante de tercera en símbolo nacional: es la forma como ablandan nuestros cerebros y nos obligan a comprar porquerías. Lo mismo puede pasar con los escritores aunque espero que nosotros seamos capaces de tener la mínima ética para evitarlo. Se supone que debemos ser una especie de reserva moral en nuestras abatidas sociedades y para ello debemos tener los pies en la tierra. Aceptar la crítica no es fácil pero negar que somos eso que nos critican puede ser peor. Creo que toda crítica sea positiva, negativa o incluso injusta debe ser bienvenida y que necesitamos que esos críticos se multipliquen y sean aún más severos. Nuestra medida no pueden ser los medios ni los halagos gratuitos. No debemos olvidar que el objetivo de los premios que convocan las editoriales es la promoción gratis e indiscriminada. El escritor está solo frente a su criatura y no puede permitirse engaños.

Debido a que el éxito de nuevos escritores en nuestros países no va acompañado de un considerable aumento de lectores, y que es criminal la existencia de millones de analfabetas básicos y funcionales, se hace necesario redoblar los esfuerzos en ese sentido. En la Costa Atlántica colombiana viven alrededor de diez millones de personas y sólo existen ocho librerías, ¿Se imaginan las posibilidades que tiene un libro de encontrar su lector allí? Creo que las editoriales deben pensar más en el lector y no reducir su impacto a los premios y las reseñas; utilizar mejor el espacio virtual, bajar los precios y realizar ventas de bodegas más a menudo, abrir librerías y hacer campañas de difusión en las regiones más apartadas. Más que producir y producir escritores tenemos que formar lectores, un libro sin lector no pasa de ser un objeto triste e inútil. Me siento afortunado al saber que he vendido más treinta mil ejemplares de mi primera novela en Italia y que pronto estaré también traducido al alemán y francés. Pero me amarga la idea de que miles de colombianos, con quienes quisiera compartir esas historias, ni siquiera sepan leer. Más que de los escritores y críticos, el futuro y la calidad de una literatura debería estar en manos de los lectores. Necesitamos crear lectores, lectores con rigor que marquen la pauta. Mientras no existan esos lectores los medios impondrán su mediocridad hasta hacernos creer que farándula y cultura son la misma cosa.

Leyendo a Harold Brodkey y también a Stefano Benni he sentido que otra de las debilidades de nuestra nueva literatura es la escasa formación intelectual: los jóvenes escritores no leen, escriben. Peor aún: no escriben, publican. Si los editores, y sus lectores de confianza, no hacen de filtro y publican cada cosa “vendible” que les va llegando, no sólo van a llenar el mercado de libros flojos si no que arruinaran a esos escritores por falta de exigencia. No basta sentarse y escribir la primera tontería que se te venga a la cabeza, un libro debe representar y significar algo. Muchos escritores consagrados como Vargas Llosa, García Márquez o Saramago, que hicieron valiosos aportes a la literatura, son hoy momias sagradas que publican libro tras libro amparados más en la técnica que en la pasión. Los escritores piensan que deben escribir hasta la muerte y terminan repitiendo el consabido sonsonete o haciendo investigaciones históricas para adaptarlas a su molde literario. Por eso me gusta Stefano Benni, este curtido escritor italiano sigue teniendo el fuego inicial y buscando la belleza y la verdad que esta entraña, sigue creyendo que cada palabra cuenta y sigue siendo tan personal como la primera vez. Quizá soy un poco obsesivo en esto, pero creo que el papel de un escritor, sobre todo en nuestros países, no puede limitarse a las revistas de farándula y las entrevistas en la tele. Hay una función social que cumplir y esa función exige experiencia y conocimiento. Basta conversar un poco con ciertos escritores para entender que sus libros sean tan blandos y gratuitos. Algunos hasta tienen fluidez y habilidad, pero no hay que olvidar que Corín Tellado y Danielle Steel también son hábiles y fluidas. En este oficio la fluidez no es un atributo sino una condición, condición que debe estar respaldada por ideas y argumentos y, sobre todo, por la voluntad de crear situaciones y conflictos que aporten algo al invisible lector.

Parece ser que en cada uno de nuestros países hay nuevas figuras literarias, y que esas figuras empiezan a tener la atención de los medios y por ende a ser reconocidas dentro de su ámbito. Lo extraño, que no es nada extraño, es que más allá de cada país somos desconocidos. Y no es nada extraño porque aún compartiendo fronteras y todo un bagaje cultural y étnico, aún teniendo los mismos líos, nuestras relaciones suelen ser distantes e incluso hurañas. Sólo hasta que España u otro país del Primer Mundo otorgan su aval, empezamos a ser aceptados por nuestros vecinos. Eso, por desgracia, no es un problema exclusivo de la literatura, ocurre en todos los órdenes. Nuestro distanciamiento, aparte de absurdo, tiene consecuencias fatales desde todo punto de vista y nos hace presa fácil ante los mezquinos intereses de ese Primer Mundo. Sería estupendo que la literatura, como ya lo hizo en otras épocas, ayudara a reducir esas distancias. Si por ejemplo, las nuevas generaciones de colombianos, sólo vamos a ser representados y conocidos en el espacio continental y mundial por Juan Pablo Montoya, Shakira, Juanes o alguna telenovela, estaremos jodidos. La literatura implica, aún en el peor de los casos, un conocimiento mucho más hondo de país y cultura que el pretendido por cualquier mamarracho creado por los medios.

Creo que cada escritor tiene un compromiso con la literatura, el mismo que tuvo Harold Brodkey y tiene Stefano Benni, el mismo que han tenido tantos a través de la historia. Brodkey logró hacer una novela estremecedora sobre su experiencia como enfermo terminal, y mucho antes había escrito obras de igual factura sobre las diversas etapas de su vida. Pero esas obras no sólo retratan la vida y visión personal de Brodkey si no todo un contexto humano, político y cultural que deja al descubierto las enfermedades del grande imperio norteamericano. Me parece muy bueno que logremos abrirnos espacio en Europa y el mundo, que tengamos la atención de los medios y cada vez más lectores, pero por deslumbrante que sea el talento y el éxito de un escritor, su compromiso más importante sigue siendo la verdad.

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La Movida Literaria reproduce mi reseña de 2666, de Roberto Bolaño. ms.

15 de julio de 2005

La ficción que vende ficción.

Hace un mes, más o menos, el NYT reseñaba la travesía de un joven autor que había levado anclas para navegar por el Mississippi sobre una balsa de su confección. Su objetivo, decía, era atraer la atención para que la gente comprara su libro. Por estos días, el Wall Street Journal publicó un artículo sobre las nuevas estrategias que las editoriales comienzan a utilizar, como el uso de los free downloads o de los bloggers entusiastas que se dedican a reseñar los libros o discos que tanto quieren sin recibir un sólo centavo a cambio. La historia más reciente, parece, es la de una tal Jay Dennis, famosa e itinerante modelo, cuya página web comienza a ganar adeptos. La verdad es que la tal Jay Dennis no es sino el personaje de la nueva novela de Bres Easton Ellis -Lunar Park- llevada a la vida por Farah Miller, gerente de Alfred A. Knopf dedicada a crear estas ilusiones publicitarias para atraer clientes potenciales. Lo mejor, por supuesto, es leerse el artículo y comentarlo.

5 de julio de 2005

The Summer School



Los de Salon.com han lanzado para este verano una serie de ensayos para paliar, en cierta manera, las lagunas que muchos lectores podemos tener respecto de clásicos como Guerra y Paz, El arte de la guerra, o Crónica de los Wapshot. Son pequeños ensayos que pretenden dar una visión fresca de estos clásicos. El proyecto se llama Summer School y la lista -cuyos textos se irán lanzando cada semana- incluye a Dickens, Stevenson, Proust, etc. Pero si por una parte uno siente que el espectro crítico de latinoamérica es muy solemne y metódico -incluso en las revistas de medio pelo-, la verdad es que la actitud bonachona de escritores bohemios tipo McSweeneys también deja mucho que desear. El mejor ejemplo es el último texto sobre The Wapshot Chronicle, un artefacto abarrotado de los lugares más comunes a la hora de enjuiciar a Cheever. Para la autora la novela no es una saga sobre una familia de un viejo pueblo pesquero sino la expresión masculina de la rabia y la histeria. Lo que yo creo es que no es ni lo uno ni lo otro. Puede ser lo último si un día te encerraste a llorar leyendo los Diarios de John Cheever. Entonces puedes hablar de la rabia y la histeria de un hombre. Pero aún así no son esos los adjetivos correctos, ni de cerca. Por el otro lado, la acusación corriente de que Cheever no sabía escribir novelas es bastante ridícula. Y en útlima instancia esa es una crítica de bajo perfil, de estudiante de taller de escritura creativa que no sirve para ver la búsqueda moral siempre presente en sus escritos desde el primer cuento 'Expelled', la crónica de un joven que es expulsado de la preparatoria por motivos todavía oscuros. El texto dedicado a Guerra y Paz no parece menos tonto. Lo quete lleva a decirte que la actitud bonachona que tanto se agradece en ciertos textos a veces resulta un fastidio. Por otra parte, hay que sortear un mar de publicidad para llegar a los contenidos. Un precio demasiado alto.

Nuevos links: The Page, página sobre poesía y crítica de la poesía.
Lumbrera, nueva revista en español.

Nuevo link en revistas. Revista Replicante.

mauriciosalvador.

3 de julio de 2005

Chucky


Pero sí es una lástima que Palahniuk parezca escribir cada vez más sólo para esos fans que lo sienten más cerca del profeta que del literato.
Rodrigo Fresán publica un artículo muy interesante sobre Palahniuk y su nueva novela. Haunted.