
Como bien saben, las exigencias de la vida moderna son muchas y variadas por lo que en general uno debe comportarse como un trapecista de pacotilla para mantener la dignidad a flote. Por lo mismo es posible que la regularidad de las notas sabias y atemperadas de esta bitácora sufra un ligero cambio en los próximos meses. Yo y Daniel (no hagan clic porque de todas maneras no hay nada) tenemos nuevas ideas que querríamos llevar a cabo lo antes posible de no ser, como he dicho arriba, por las molestas exigencias de la vida moderna (eso sin hablar del jodido país en que vivimos y en la jodida ciudad de nuestra elección).
Los proyectos que tenemos son varios, y las ideas, humildes y anticuadas como nosotros, esperan poco menos que genio y algo más de buena prosa para expresarse de una vez. Además de la colecta que prepararemos a fin de comprarle un peluquín decente a Enrique Vilamatas -amigo de toda la vida- esperamos refrescarnos un poco el hemisferio derecho con abundantes botellas de agua de seltz y madurar de una vez por todas aunque nuestras madres deseen mantenernos en este estado cuasi vegetativo e infantil.
Las notas escasearán un tanto pero eso no significa que dejemos la bitácora aquí. En realidad, como he dicho, tenemos otros proyectos y debemos dedicarles algo de tiempo. Es interesante ver cómo en muchos lados ha surgido una dinámica en la que el debate -independientemente de los temas- comienza a alzar la cabeza como un gusano de tierra largamente pisoteado (las metáforas me matan) y partido en dos y dos y dos y dos y dos y dos y dos (linotipista: repita 30 veces más) hasta que pareció no quedar nada de él. Al final, esta dinámica debería conducir a algo, y en mi caso debería conducir a una postura sobre lo que deseo leer y sobre lo que de verdad pienso de muchos mecanismos sociales y culturales en este país. Suena algo pretensioso, la verdad.
De modo que la bitácora bajara un poco su ritmo -como ha venido haciéndolo- en espera de poder crear algo mejor. Cualquier colaboración es bienvenida (aunque sé que nadie lo va a hacer) sobre los temas comúnmente tratados aquí: Literatura en inglés, bobadas literarias, y todo sobre el relato norteamericano. Lo del peluquín de Vilamatas se anunciará a su tiempo y esperamos su generosa colaboración; tampoco queremos que Quique se entusiasme al grado de estropear su prosa por proyecciones y expectativas temperamentales. Si leo bien, la fundación que preside esta bitácora tiene contemplado comprar peluquines a los siguientes autores: Mario Bellatín, un afro que venden en Plaza Inn; Jorge Volpi, una larga cabellera que vimos un día al pasear por el centro, en una tienda especialista en el giro; Daniel Sada, una cabellera de rulos blancos que, según nos dice la madama, podría hacer todavía más artística la bella prosa de Daniel Sada.
(Si desea que la fundación apoye a otro escritor sírvase dejar un comentario).
Mientras tanto pueden leerse esta lista de las diez mejores novelas sobre Sudáfrica, según alguien el Guardian.
1. Disgrace by JM Coetzee
2. The No.1 Ladies' Detective Agency by Alexander McCall Smith
3. Nervous Conditions by Tsitsi Dangarembga
4. The Conservationist by Nadine Gordimer
5. Harvest of Thorns by Shimmer Chinodya
6. The Good Doctor by Damon Galgut
7. Looking on Darkness by Andre Brink
8. The House of Hunger by Dambudzo Marechera
9. The Grass Is Singing by Doris Lessing
10. Bitter Fruit by Achmat Dangor
Sin más por el momento:
mauricio salvador.
Las notas escasearán un tanto pero eso no significa que dejemos la bitácora aquí. En realidad, como he dicho, tenemos otros proyectos y debemos dedicarles algo de tiempo. Es interesante ver cómo en muchos lados ha surgido una dinámica en la que el debate -independientemente de los temas- comienza a alzar la cabeza como un gusano de tierra largamente pisoteado (las metáforas me matan) y partido en dos y dos y dos y dos y dos y dos y dos (linotipista: repita 30 veces más) hasta que pareció no quedar nada de él. Al final, esta dinámica debería conducir a algo, y en mi caso debería conducir a una postura sobre lo que deseo leer y sobre lo que de verdad pienso de muchos mecanismos sociales y culturales en este país. Suena algo pretensioso, la verdad.
De modo que la bitácora bajara un poco su ritmo -como ha venido haciéndolo- en espera de poder crear algo mejor. Cualquier colaboración es bienvenida (aunque sé que nadie lo va a hacer) sobre los temas comúnmente tratados aquí: Literatura en inglés, bobadas literarias, y todo sobre el relato norteamericano. Lo del peluquín de Vilamatas se anunciará a su tiempo y esperamos su generosa colaboración; tampoco queremos que Quique se entusiasme al grado de estropear su prosa por proyecciones y expectativas temperamentales. Si leo bien, la fundación que preside esta bitácora tiene contemplado comprar peluquines a los siguientes autores: Mario Bellatín, un afro que venden en Plaza Inn; Jorge Volpi, una larga cabellera que vimos un día al pasear por el centro, en una tienda especialista en el giro; Daniel Sada, una cabellera de rulos blancos que, según nos dice la madama, podría hacer todavía más artística la bella prosa de Daniel Sada.
(Si desea que la fundación apoye a otro escritor sírvase dejar un comentario).
Mientras tanto pueden leerse esta lista de las diez mejores novelas sobre Sudáfrica, según alguien el Guardian.
1. Disgrace by JM Coetzee
2. The No.1 Ladies' Detective Agency by Alexander McCall Smith
3. Nervous Conditions by Tsitsi Dangarembga
4. The Conservationist by Nadine Gordimer
5. Harvest of Thorns by Shimmer Chinodya
6. The Good Doctor by Damon Galgut
7. Looking on Darkness by Andre Brink
8. The House of Hunger by Dambudzo Marechera
9. The Grass Is Singing by Doris Lessing
10. Bitter Fruit by Achmat Dangor
Sin más por el momento:
mauricio salvador.









