31 de julio de 2006

Summer Fiction




El verano que vivimos, como todo verano, ha traído nuevas expectativas y algunas revistas publicaron sus ansiados especiales de ficción. En muchos casos estos números representan la mejor ventana para un autor completamente nuevo. Hace un año más o menos Atlantic Monthly decidió que no iba a seguir publicando ficción, lo mismo que la revista que ven arriba, cuyo editorial justifica: ‘We had hoped that some of our summer fiction would – as Michael Ondaatje’s 1987 novel In the Skin of a Lion did – help us discover, or rediscover, how it is with Torontonians. Sometimes it did, but much of it, set in places like Delhi, Croatia and Los Angeles might have prompted more than one reader to ask, “If it isn’t about Toronto or written by a Toronto writer, what’s it doing in Toronto Life? I wish I could say that in publishing such stories we were creating an appetite for fiction. But, while I’m certain they found an appreciative audience, there’s no evidence it was growing. So with regret – it’s been a labour of love – we’ve decided to make this, the 10th summer fiction issue, our last.’
En el caso del Atlantic Monthly decidieron que aunque no iban más a publicar ficción en cada número, sí iban a editar un número anual dedicado a la ficción. Hace poco salió el número, que los suscriptores pueden leer online, con cuentos de Richard Russo, Dominic Smith, Cynthia Ozick , Ada Udechukwu y otros. En la misma tónica el número de ficción del New Yorker publicó algunas piezas de ficción que rememoraban la guerra, como Vietnam 1966, de Neil Sheehan, Yugoslavia 1991, de Aleksandar Hemon, Sierra Leone, 1997, de Chimamanda Ngozi Adichie y un reportaje de 1943, The Foamy Fields de A. J. Liebling describiendo la vida sobre el campo de batalla en Tunisia. También The Guardian publicó su especial de ficción, con cuentos de William Boyd, Alice Munro, Helen Simpson, William Trevor y Colm Tóibín. Y finalmente The New York Review of Books hizo lo mismo y algunas cosas del número se pueden consultar en línea. Lo que me pareció más atractivo fue la contribución de Tim Parks en un artículo sobre la prosa de Beckett, reseñando cuatro libros que han venido publicándose con motivo de su centenario. En el último new yorker pueden leer también la pieza de Benjamín Kunkel, "Sam I Am. Beckett's Private Purgatories", reseñando el libro que parece el más atractivo de los cuatro, Samuel Beckett: The Grove Centenary Edition, editado por Paul Auster y con una introducción de Colm Tóibìn, Salman Rushdie, Edward Albee, y J.M. Coetzee.

Independientemente de los debates acerca de por qué algunas revistas deciden dejar de publicar ficción (como aquí y aquí) uno no puede sino preguntarse por qué no existe una revista en español que haga lo mismo. No me refiero a las revistas dedicadas por completo al cuento como Mil Mamuts, de Argentina, o la extinta Cuento, de Edmundo Valadés, o portales como Ficticia y otros, sino a revistas de más envergadura. Las respuestas son variadas, y muchas. Sólo es el constraste lo que provoca mi pregunta. De cualquier manera son muy pocos los cuentos verdaderamente buenos que se encuentran en esos sitios. En The Barcelona Review se pueden leer algunos buenos pero la mayoría son aburridísimos.
Lo que puedo proponer es que para diciembre o enero Hermanocerdo dedique todo un número a la ficción en español, la mejor ficción que podamos encontrar en internet o que nos sea enviada, sin prejuicios ni ánimos negativos al mail de siempre. Lo único que podemos ofrecer a estos autores son 200 lectores comprometidos. Hay muchos sitios dedicados a promover el cuento, ya lo dije, pero no sólo buscamos un cuento (que en su acepción actual significa todo menos una narración convincente) sino algo bien escrito y bien contado. Yo creo que ése sería un buen pretexto para comenzar o terminar un año. Y muchos escritores jóvenes (esquivando los prejuicios que puedan tener hacia nuestro fanzine) se sentirán motivados con la certeza de que por lo menos tres cuartos de nuestros suscriptores leerán y juzgarán con cuidado lo que escriban.
No sé, me parece una buena idea. Deberíamos pensarlo y ver qué tan factible resulta. Ciaociao.

26 de julio de 2006

What You Pawn I Will Redeem, de Sherman Alexie



Acabo de actualizar mi blog de traducciones con un cuento de Sherman Alexie titulado "What You Pawn I Will Redeem", que viene en el libro Ten Little Indians. Ya hay una edición en español y supongo que ellos sí pagan derechos. Este cuento apareció en el número 2 de Hermanocerdo. Si desean leer la versión en inglés la pueden encontrar aquí. Ciao.


Update:

En la parte de los links pueden ver uno que dice MyFabrik. Entren, vayan a la pestaña de 'Music' y prueben si es posible descargarse los discos de Miles Davis que he estado subiendo. Van como ocho, todos de la primera época. Sed felices.

19 de julio de 2006

Pequeño post



Comienzo la mañana leyendo los titulares de los periódicos. El agua para el café suena en la cocina. Lavo la fruta, pongo la mesa, y vuelvo a la pantalla. Luego sirvo el café, el desayuno, y vuelvo a la pantalla. Cuando por fin termino el desayuno, todavía ansioso por volver a la pantalla y seguir leyendo titulares, recuerdo que tengo que ir al sastre porque deben arreglarme el pantalón de un traje que voy a usar en una boda pasado mañana. Es algo que me estresa mucho, como siempre me han estresado las bodas. Aparte de eso debo pagar el recibo de la luz. 80 pesos. E ir por los nuevos análisis del laboratorio. 586 pesos. Pero antes de eso puedo hacer un montón de cosas, ¿no? Todavía frente a la pantalla (sufro problemas de cuello y tiendo a encorvar la espalda, por lo que la pantalla queda a cinco centímetros de mi nariz) analizo las posibilidades. Puedo adelantar trabajo del que me espera en agosto, pero no estoy de ánimos. Puedo seguir con las últimas páginas que me faltan para terminar El hombre elástico: la segunda versión de mi primer libro de cuentos, que no creo que sea del gusto de muchos. O sencillamente (y a veces uno no puede hacer nada contra ello), dejar que mi mente indisciplinada me lleve de aquí para allá mientras Robi me detalla lo que va a hacer y lo que yo debo hacer (porque necesito guía y lista) antes de salir diciendo ciao, a lo que yo respondo ciao, sin hacer mucho caso. Y mientras voy de aquí para allá me encuentro con una reseña de E. L. Doctorow sobre una nueva versión al inglés de la Ilíada, mi libro favorito. La reseña (que en realidad parecen ser las notas de un proyecto más largo y denso) se titula: “Notes on the History of Fiction.” Sobre la Ilíada en sí no dice mucho, pero sus notas son interesantes. Llegado a cierto punto, leo: “Today it is only children who believe that stories, by the fact of their being told, are true. Children and fundamentalists. And that is the measure of the 2,000-year decline in the story's authority.“ El poder de la ficción. A partir de la era de los descubrimientos, nos dice Doctorow, la ficción comenzó a perder su poder de develar una verdad; de pronto la ficción necesitaba más que eso, pues las verdades científicas comenzaban a ganarle el lugar. Y sin embargo la ficción sigue siendo un vehículo capaz de retribuirnos con algo que podríamos llamar “verdades tangenciales,” aunque en muchos casos la ficción se muestre como una verdad más universal que, digamos, la exactitud histórica. Los ejemplos que pone son el mundo shakesperiano o la misma Ilíada. Dice Doctorow: “By the time of the Elizabethan Age religious inspiration was becoming distinct from scientific fact, truth was something to be proven by observation and experiment, and the aesthetic event was a self-conscious production. Reality was one thing, fantasy another. God was institutionalized, and in a world deprived of enchantment by rationalism and empirical knowledge, stories were no longer the primary means of knowing. Storytellers were recognized as mortal, however immortal some of them would come to be, and a story might be believed, but not simply because it was being told.” Quizá esta reseña de un escritor valioso como Doctorow deba recordarnos que en lengua española tenemos también una nueva versión de la Ilíada y mucho más recientemente una nueva reedición de la Eneida. La UNAM editó en un solo tomo la Ilíada en versión de Rubén Bonifaz Nuño. A mi me ha gustado tanto que la he regalado un par de veces.

Pero leer el artículo de Doctorow me toma parte de la mañana, parte del mediodía y pedazos aislados de la tarde que continúa. En el ínter lamento decir que no han pasado cosas maravillosas. Me compré una camisa. 15-1/2, 36. Agarré de mi pequeño librero los Diarios de Kafka y me aburrí inmensamente. Ahora comienza la hora en que toda la gente se embota, así que voy a salir al café de la vuelta a tomarme un café y leer una revista. En los días pasados, de los cuales ocupé bastantes horas para armar el número 5 de Hermanocerdo (ahora el subdirector de asuntos y efectos especiales me presiona para sacar el 6 este primero de agosto), intenté escribir algo titulado “Elección privada.” Se trataba de una crónica que narraría cómo fue mi día el día de las elecciones. Comenzaba así, con esta prosa que salió de no sé dónde:

“Robi pidió que nos levantáramos temprano porque había muchas cosas que hacer. Teníamos que hacer las compras, limpiar la casa y lavar la ropa; así que imaginen un domingo cualquiera, caluroso, callado, sin las expectativas que suelen traer consigo los días de entre semana. Pero de hecho, este domingo sí guardaba expectativas y esa era una razón más para levantarse temprano. Pese a recibir luz a través de dos ventanas amplias (último piso de un edificio pequeño, de los cincuenta), la habitación seguía a oscuras. En momentos de tensión puedo escuchar a Robi: “Ojalá un día puedas ponerme mis cortinas.” Resulta tan complicado zafar las cortinas de las alcayatas con que las he sujetado, que preferimos aguardar ese momento bajo la tenue oscuridad de nuestra habitación. Además, el sólo hecho de enfrentarme a ello (buscar un taladro, prepararme mentalmente para agujerear la pared), me pone nervioso. Me recuerda que no tengo dinero ni un trabajo estable. Parece que alguien camina del otro lado pero en realidad son los ruidos que emergen de la estructura del cincuentenario edificio.

Para ser un domingo agitado, los alrededores inmediatos resultan bastante tranquilos. Robi se levanta a preparar el café y siguiendo su inercia yo hago lo mismo y pongo los platos y las tazas. La luz de la mañana revela que no hemos hecho limpieza. La casa ha juntado polvo y los detalles de una convivencia agitada se muestran por todos lados. La canasta de ropa rezuma prendas de colores y el refrigerador está vacío. Sí, hay muchas cosas que hacer y necesitamos un plan.

Como si se tratara de una línea largamente meditada, Robi exclama:

-Es día de hacer las compras, lavar la ropa y hacer limpieza.

Y el gesto que emerge de ella es ambiguo, pues aún no sabe si con dicha exclamación ha logrado involucrarme por completo dentro de aquel plan que de todas maneras no cuenta con una salida. Cuando entre sorbo y sorbo de café me preparo para no decir nada, ella se corrige. Es como si ambos

-Pero tú tienes que ir a votar.

-Tengo que ir a votar.

Así que este evento viene a trastocar los planes de nuestro domingo. Y es Robi quien deberá hacerse cargo de todo. “

Nada que valga la pena, así que lo he dejado. Además, me enteré que varios tipos ya han hecho eso de narrar todo un día. Aunque yo, obviamente, sólo pensaba invertir unas 20 páginas al respecto. Ahora son las 3:26.

Otra cosa es que mi amiga Ingrid ha llamado y nos hemos quedado de ver a las siete en un restaurante que está enfrente del jarocho de centenario. Después parece que tengo que ir con Robi a una cena. Y el viernes salimos para la boda. Mierda.

18 de julio de 2006

Hermanocerdo 5


Hermanocerdo 5

INDICE

FICCIÓN
Jumpa Lahiri
Un asunto temporal
Javier González Cozzolino
Colchón de agua (pdf)
Daniel Espartaco Sánchez
Demonios

CRÓNICA

Juan Terranova
Fragmento de un diario en París
Julián Herbert
El norte como fantasma (pdf)
Sergio Téllez-Pon
Un asterisco peligroso

ENSAYO
Pablo Ruiz
El último cuento policial de Borges y lo que había en el laberinto (pdf)

11 de julio de 2006

Regalos para nuestros fieles suscriptores






Pues sí. Como una manera de atraer público inteligente, el número 5 de Hermanocerdo ofrecerá uno de los siguientes libros. El primero es la traducción del clásico libro de técnicas para la autodefensa de Bruce Lee (con un montón de ilustraciones) que en Amazon les cuesta como 10 dólares. El segundo, el de Charles Atlas, simplemente no tiene precio. Y si alguno de verdad está interesado, le puedo pasar los 4 volúmenes de las técnicas de Bruce. Las suscripiciones a Hermanocerdo, la revista de los campeones, son al correo hermanocerdo@gmail.com

Aceptamos crónicas de cualquier tema y extensión.