22 de diciembre de 2006

Pequeño post

A sólo unos minutos de partir a La perla, el salón de baile del centro. Hoy por la tarde fui a comprar algunos libros para regalar. A mi hermana pequeña le compré El club Dante, de Mathew Pearl:

Boston, 1865. Importantes personalidades están siendo brutalmente asesinadas por un criminal que se inspira en los tormentos del Infierno de Dante. Sólo los miembros del Club Dante -poeta y profesores de Harvard dirigidos por Henry Wadsworth Longfellow- pueden anticiparse al asesino e identificarle. Mientras preparan la primera traducción estadunidense de la Divina Comedia enfrentándose a la oposición de la puritana vieja guardia de Harvard, los intelectuales deberán convertirse en detectives y pasar a la acción .


A mi otra hermana le compré El libro de la risa y el olvido, de Milan Kundera:

    Tamina, a quien el exilio obliga a trabajar como camarera, lucha desesperadamente contra el olvido que empieza ya a difuminar el recuerdo de su marido...


    Para Robi (además de otras cosas, porque es su cumpleaños) le compré La señora Dalloway (Catedra):

    Los personajes centrales de La señora Dalloway son una mujer madura en plena menopausia física y mental y un joven loco. Un día de junio de 1923, Londres y sus gentes se encuentran y desencuentran, un ama de casa insatisfecha da una fiesta y resucita a los muertos de su infancia; y la resurrección acaba en suicidio.


    Y yo me compré Mientras escribo, de Stephen King:

    Pocas veces un libro sobre el oficio de escribir ha resultado tan clarificador, útil y revelador. Mientras escribo empieza el relato de la asombrosa infancia de Stephen King y su extraño y temprano interés por la lectura...

    19 de diciembre de 2006

    The israeli novel in the time of the suicide bomb

    Ruth Franklin publica, en TNR, una reseña sobre A Woman in Jerusalem, de A. B. Yehoshua, que espero leer al rato, si me da tiempo.

    The Bomb Scene,
    by Ruth Franklin.

    According to the Jewish calendar, the day begins at sundown. This runs counter to the way most people experience time, but it makes a peculiar sense in the novels of A.B. Yehoshua, in which the most important activities almost always take place at night, and the main characters are insomniacs, either by choice or by compulsion. In The Lover, Yehoshua's first novel, published almost thirty years ago, the owner of an auto repair shop takes to driving around in a tow truck during the early morning hours in search of a man who has mysteriously disappeared. More recently, The Liberated Bride--a glorious romp of a novel that bursts with genres (family romance, campus satire, epistolary novel, folk tale) and personalities--features an extended sequence in which an Israeli professor of Arab studies, accompanied by an Israeli Arab driver, attends a midnight mass at a Christian monastery to hear the rhapsodic singing of a Lebanese nun who is said to faint at the height of her religious ecstasy.

    Pequeño post

    Pues sí, la Universidad de Liverpool encontró que el lenguaje de Shakespeare excita positivamente la actividad cerebral:

    Professor Roberts and Professor Davis together with Dr Guillaune Thierry, from the University of Wales, Bangor, monitored 20 participants using an electroencephalogram (EEG) as they read selected lines from Shakespeare's plays.
    In this initial test electrodes were placed on the subject's scalp to measure brain responses.
    Professor Roberts said: "EEG gives graph-like measurements and when the brain reads a sentence that does not make semantic sense it registers what we call a N400 effect – a negative wave modulation. When the brain reads a grammatically incorrect sentence it registers a P600 effect – an effect which continues to last after the word that triggered it was first read."
    Mi pregunta es: ¿por qué no se nos ocurrió primero? Podríamos escoger a veinte estudiantes de letras y monitorear sus finos cerebros mientras leen, no sé, a Mario Bellatin o a Fernando Vallejo. Acepto propuestas.
    Y lean esto:

    Shakespeare uses a linguistic technique known as functional shift that involves, for example using a noun to serve as a verb. Researchers found that this technique allows the brain to understand what a word means before it understands the function of the word within a sentence. This process causes a sudden peak in brain activity and forces the brain to work backwards in order to fully understand what Shakespeare is trying to say.
    Professor Philip Davis, from the University's School of English, said: "The brain reacts to reading a phrase such as ‘he godded me' from the tragedy of Coriolanus, in a similar way to putting a jigsaw puzzle together. If it is easy to see which pieces slot together you become bored of the game, but if the pieces don't appear to fit, when we know they should, the brain becomes excited. By throwing odd words into seemingly normal sentences, Shakespeare surprises the brain and catches it off guard in a manner that produces a sudden burst of activity - a sense of drama created out of the simplest of things."
    Experts believe that this heightened brain activity may be one of the reasons why Shakespeare's plays have such a dramatic impact on their readers.

    En lo personal, he notado que mi actividad cerebral aumenta cuando leo la Ilíada:
    "Atridas, y también los otros biengrebados aqueos:
    os den los dioses que moradas olímpicas tienen,
    destruir la ciudad de Príamo y arribar bien a casa;
    pero soltadme a mi hija y aceptad los rescates,
    reverenciando al hijo de Zeus, al hierelejos Apolo."

    O cuando leo los versos de Propercio:

    ...así, en especial, me eres dolor, Etrusco polvo;
    -
    "Para este triste, el hado fue una muchacha dura."
    -
    ¡Mas no de uno, ruego; de los dos compadécete!
    Viva, yo, si vive; si cae aquella, caiga.
    Por los cuales deseos, me condeno a un carmen sagrado:
    yo escribiré: "Por Jove magno, la niña es salva";
    -
    [...] Te complazca, Cintia, conmigo
    en musgosas cimas tene rociados antros.
    -
    "Bajo blandas armas sufrirás de Venus la milicia."

    Visita el blog del HermanoCerdo


    18 de diciembre de 2006

    Middlesex


    Ayer, en un arranque de locura, le di mi dinero a Anagrama y me compré Middlesex, de Jeffrey Eugenides. Voy en la página 107 y después de relajarme (acabamos de comer pasta con salsa de tomate y hongos -más mis vitaminas-) voy a sentarme a leer otro rato. El libro me costó 332 pesos, lo que en México se conoce mejor como una mentada de madre. Pero sentía que no tenía nada que leer, aunque Robi me insistía en que había muchos libros que había comprado y no había leído. "No comprendes," le dije, cabizbajo y moviendo la cabeza negativamente. Me miró, hizo un gesto y dijo: "Dale, vamos por tu jodido libro." Y fuimos al centro, donde me medí la chaqueta de mis sueños en Roberts y me compré un suéter. Ahora, 14:55, me tomo un té y me relajo.
    PD. Visiten el blog de HermanoCerdo, donde iremos posteando el status del número 10. Sean felices.

    13 de diciembre de 2006

    Criticar a los críticos

    Revisando el blog Moleskine me encuentro con esta nota de Jean François Fogel acerca de una encuesta que "busca justificar el poder de ciertos individuos en una ciudad que produce «una cantidad masiva de arte y de ocio»" Me lo hubiera tomado en serio, de verdad, si no fuera porque la encuesta la llevó a cabo Time Out, de NY, una guía de fin de semana para los neoyorkinos con suficiente tiempo libre y dinero para consumir esa "cantidad masiva de arte y ocio". Tampoco me lo tomo en serio porque ya no es novedad ni difícil hablar mal de Michiko Kakutani. Tomen como ejemplo el reciente cuestionario Proust aplicado a Norman Mailer, en Vanity Fair, que en dos líneas explica un poco lo que Gustavo Faverón hablaba sobre la recepción de la última novela de Pynchon, ATD:

    What is your greatest fear?
    That I will never meet Michiko Kakutani and so not be able to tell her what I think of her. She has an unseemly haste to rush into print with the first very bad review of any book I write. She does this ahead of publication. That is a strategy. If the first review of a book is dreadful, an author needs at least three good ones to change that first impression

    Lo que yo no entiendo es por qué Norman Mailer (83 años, joder) se preocupa de lo que pueda decir Michiko Kakutani o cualquier crítico, o peor, que se siga preocupando por los buenas ventas de sus libros. Además, ¿quién de verdad considera a Kakutani como una verdadera crítica? ¿Y quién, hoy día, sigue un debate que comenzó en un Time Out?
    Ahora, para que no digan que critico y no propongo, aquí la lista de los críticos que suelo leer devotamente: Ruth Franklin (del TNR); James Wood, cuya última reseña se titula "The Celestial Teapot. An atheist's critique of popular atheism"; Marco Roth (cuya última reseña, "Attack of the clones" trata sobre las últimas novelas de Ishiguro y Houllebec); A. O. Scott (del NYT); Daniel Mendelsohn; a veces Dale Peck, a veces Laura Miller, y a veces C. Max Magee, del blog The Millions.

    Además:
    AS Byatt sobre Willa Cather, en The Guardian.
    Una entrevista con Philip Gourevitch, actual editor de The Paris Review.

    Cuestionario Proust a Normal Mailer.

    UPDATE
    Hablando de críticos, pueden leer este fabuloso ensayo de Wyatt Mason sobre la ficción de Narayan.
    Ya pueden leer completa la reseña de Wood, en Powells.com