
I was looking for myself and asking everyone except myself questions wich I, and only I, could answer. It took me a long time and much painful boomeranging of my expectations to achieve a realization everyone else appears to have been born with: That Im nobody but myself. But first I had to discover that I am an invisible man!
Estoy leyendo la reseña sobre la reciente biografía de Ralph Ellison. La primera vez que leí a Ellison fue hace como año y medio, cuando leí "Battle Royal" en una antología de cuentos preparada por Joyce Carol Oates. Luego, hace como un año, leí Invisible Man, ('uno de mis libros favoritos', como dicen ciertos lectores de Paul Auster). Invisible Man se publicó en 1953, el mismo año que The Old Man and the Sea y East of Eden. Saul Bellow, Alfred Kazin e Irving Howe ('el crítico socialista que amaba a Keats') fueron los jurados que le otorgaron a Invisible Man el National Book Award. El fallo del premio no era sólo un golpe a los viejos maestros (que, como en el caso de Hemingway, venían dando muestras de total decadencia), sino la reafirmación de una literatura que se alejaba del típico ámbito del hombre blanco americano hacia una tradición étnica diferente, primero la misma a la que pertenecían los jurados, la judía, y después la literatura negra, como la Richard Wright en los treinta y Ellison y Baldwin en los cincuentas. En 1953 se publicó también Go Tell It to the Mountain, de Baldwin.
Antes de dedicarse a la literatura Ellison mostró aptitudes para la música, principalmente para la trompeta y el piano. Después se enfiló hacia el YMCA de Harlem donde conoció a Langston Hughes. Después, en el Greenwich Village, Richard Wright fue el primero que lo puso en contacto con otros intelectuales y el primero que lo animó a escribir ficción. Como Bellow (Danglin Man) uno de los libros que le ofreció piso seguro fue Memorias del subsuelo, de Dostoiesvky, un libro que ofrecía posibilidades morales más amplias que aquellas que le ofrecía la literatura norteamericana, muy alejada de la complejidad cultural y racial de los Estados Unidos. No se narraba la experiencia negra. "Huck without Jim". En la introducción a la novela (Vintage) Ellison describe cómo fueron los años en que escribió Invisible Man. En el departamento de St Nicholas Avenue, en Nueva York, Ellison trabajaba en un respetable horario de businessman, pues su esposa, Fanny, salía cada mañana a trabajar para mantener a la familia, lo que habla de la fe que su esposa tenía del talento de su marido. Los vecinos, dice Ellison, miraban con desconfianza sus paseos por la calle a horas nada habituales, sacando a pasear al terrier a las horas más extrañas. En una ocasión Ellison escuchó que algún vecino lo creía un 'sweetback'. "Porque mientras su mujer es una especie de esclava, yo sólo lo veo sacar a pasear al maldito perro." No obstante, Ellison solía ganar algo de dinero para sí mismo escribiendo una que otra reseña o haciendo uno que otro trabajito fotográfico.
Paradójicamente, el autor de Invisible Man alcanzó una notoriedad pocas veces experimentada por primeros novelistas; la novela lo llevó a ser considerado como uno de los portavoces de su raza. La fama, sin embargo, aumentó a un grado increíble las expectativas de su segunda novela. Durante la década de los sesenta Ellison trabajó y colaboró en diversos comités y asociaciones con gran poder en el mundo del arte. Apoyó a otro sureño, Lyndon Johnson, y apoyó al protegido de Johnson, Hubert Humprey, en vez de a Robert Kennedy. Por eso, en vez de seguir siendo el portavoz de su raza, fue criticado por diferentes movimiento negros. Se opuso al bebop, respondió con silencio ante el asesinato de Martin Luther King y mostró hostilidad hacia los nuevos escritores negros. Comenzaron a llamarlo Uncle Tom.
Sólo por Invisible Man Ellison ocupa un lugar destacado en la literatura norteamericana. Su interminable segunda novela, Juneteenth, (publicada póstumamente) sufrió del mismo defecto que, digamos, la gran novela americana que Capote nunca llegó a terminar. La fama, la notoriedad, menguaron sus fuerzas; no contuvo su talento ni lo expandió como un Faulkner o un Bellow.
Creo que fue en Argentina donde se hizo en los setentas una traducción de El hombre invisible. Desde entonces creo que no se ha vuelto a publicar otra traducción en español. No sé por qué. Como es costumbre, yo tengo dos culpables, Anagrama y los lectores de Paul Auster.



