25 de diciembre de 2007

HermanoCerdo 18

Acaba de salir de la piara el último número cerdo. Entre otras cosas cabe destacar el regreso de nuestro columnista estrella, Miguel Habedero, así como ensayos, crónicas y cuentos de Chile, Perú, México y Argentina. El suplemento Golpes y Patadas también tiene material nuevo, como una necrólogica de Javier González Cozzolino para honrar la memoria del gran sensei Horacio Gómez. Como autopromoción, les aviso de un cuento mío, "Grillos", en el que un adolescente descubre las verdades más profundas de nuestra condición humana. También reseñas sobre libros de Junot Díaz, Juan Villoro y Ludmila Ulítskaya, y fantásticas ilustraciones de Jane Richklovsky. Visiten la página en los links a la derecha. Un saludo a todos.

9 de diciembre de 2007

Correspondencia 2 (traducción de Selma Ancira).

¿Tolstói? Siempre quise escribir esa frase. ¿Por qué no Dostoievsky o Turgueniev? Las dicotomías, como dice Berlin, suelen ser superficiales si se exageran, pero no por eso hay que desecharlas; el zorro y el erizo, son las dos tipos intelecuales que Berlin analizó en un famoso ensayo dedicado a la filosofía de la historia en Tolstói, “El zorro y el erizo”. Al comienzo del ensayo cita unos versos del poeta griego Arquíloco: “El zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una gran cosa”. Muy a cuento cuando recuerdo las palabras que leí hace poco en la breve y hermosa biografía de Maurois sobre Turgueniev:
Se ha estimado a Dostoievsky con furor (y se hacía bien estimándole), pero ha
querido estimársele contra Tolstoi, y sobre todo contra Turgueniev. "Cuando se
hace el elogio de un escritor ruso -ha dicho Robert Lynd- es costumbre hacerlo a
costa de todos los demás. Todo sucede como si los hombres fueran monoteístas en
su devoción a los dioses literarios, y no pudiesen soportar ver rendir culto a
las imágenes de las divinidades literarias.
Lo que nos ofrece Dostoievsky no es obstáculo para disfrutar de las heroínas de las novelas poéticas de Turguéniev, ni de los cuadros históricos, como la vida misma, de Tolstói. “Preguntar de Gógol –dice Berlin-, Turgueniev, Chéjov o Block en qué relación se encuentran con Pushkin y con Dostoievsky conducirá –o por lo menos ya ha conducido- a una crítica fructífera y reveladora. Pero cuando llegamos al conde Lev Nicolaevich Tolstói y planteamos la cuestión con respecto a él, si preguntamos si es un monista o un pluralista, si su visión es de uno o de muchos, si es de una sola sustancia o es un compuesto de elementos heterogéneos, no encontramos una respuesta clara o inmediata. Por alguna razón, la pregunta no parece apropiada; parece engendrar más oscuridad de la que disipa. Y sin embargo, no es falta de información la que nos hace deternos: Tolstói nos ha contado más acerca de sí mismo y de sus opiniones y actitudes que ningún otro escritor ruso, casi más que ningún otro escritor europeo; y su arte no puede ser llamado oscuro en ningún sentido normal; su universo no contiene rinconces sombríos, sus relatos están iluminados por la luz del día; los ha explicado y se ha explicado a sí mismo, se ha extendido acerca de ellos y de los métodos con que los ha construido, más detalladamente y con mayor fuerza, lucidez y penetración que ningún otro escritor.” En el contexto de lo que voy a contar, lo interesante es la sola pregunta acerca de las esencias que recorren a Tolstói. La respuesta es lo de menos. La otra pregunta es: ¿que preguntas tenemos que hacer sobre Tolstói, es decir, Tolstói en hispanoamérica? Esto, por supuesto, nos lleva a preguntarnos por el estado de Tolstói en español. Frente a mí tengo la tercera edición de Tolstói que Aguilar publicara en 1964 en versión directa del ruso de Irene y Laura Andresco con un estudio grafológico del autor (no kidding) por Matilde Ras, y “22 ilustraciones”. También tengo el tomo uno de la correspondencia escogida de Tolstói (1842-1879) traducido por otra mujer, Selma Ancira. Curiosamente fui a la presentación del segundo volumen del tomo dos. Iba, después de una parada en el Starbucks de Venustiano Carranza, con la actitud irónica que caracteriza a los idiotas, esperando encontrar una frase reseñable de nuestro Belinsky, es decir, Christopher Domínguez Michael; pero no me encontré nada de eso, al contrario, todo fue tranquilo, bello, musical, al grado que al salir otra vez a la plaza de Bellas Artes sentí que el sol que nos calentaba tan rico no era otra cosa sino el amor de Tolstói que seguía derramándose sobre todos nosotros, y al internarme entre las calles supe que la ciudad de los palacios volvía a tener medida humana porque el genio de Tolstói (como un ovni invisible) había pasado sobre sus impermeabilizados techos. Tomé unas cuantas notas de la presentación: el nerviosismo y la voz trémula de la traductora (guapa con su cabello gris y su cara ovalada), la serenidad compasiva de Pablo Soler Frost (con mancuernillas, saco de verano y brillantina en el cabello), la seriedad de Christopher Domínguez (camisa roja, chamarra deportiva y zapatos café), y la presencia del bisnieto de Tolstói, Vladimir Tostói, director del museo Yásnaia Poliana, quien, serio, le daba un aire a Putin y, alegre, era otra vez el mismo Vladimir Vladimirovich Tolstói que escuchaba la traducción simultánea de otra persona cuyo nombre no recuerdo.
Tanto Soler Frost como Domínguez Michael estuvieron de acuerdo en una cosa: que se trataba de un acontecimiento literario. El “por qué” me imagino que ya es más difícil de explicar, pero tiene que ver con dos cosas, con la inexplicable ausencia de los diarios y correspondencia escogidos de Tolstói en lengua española, y con la lectura que los escritores latinoamericanos y españoles han hecho del venerable conde. Al menos eso es lo que yo me imagino. El final de la presentación –que no he reseñado según mi plan- estuvo a cargo de Elena Frolova. La Frolova interpretó canciones populares rusas, romanzas (una compuesta por ese noble gigante de cabellos blancos, Turgueniev) y otros poemas de Brodsky, Ana Tarkova y ya no recuerdo quién más. Fue delicioso, al grado que pronto nos olvidamos del conde y escuchamos sólo a la Frolova, cuya última interpretación terminaba con las palabras (disculpen, mi ruso no es muy bueno) ruskaia asiatica, ruskaia asiatica, algo así. Al final hubo vino de honor pero no me quedé porque tenía muchas cosas que hacer, entre ellas, escribir esta crónica; medio hice mi cama, lavé unos cuantos pares de calcetines, y estuve coqueteando vía sms (soy patético) con una nenita de buenos bigotes; ahora escucho a unos tipos gritando gol (u ogggh, habrá que verificar) en el depto de mi vecinita la de lentes. Dejo, como muestra de la correspondencia de Tólstoi, esta carta dirigida a Turgueniev:

A Iván Serguéievich Turguéniev
Yásnaia Poliana, a 6 de abril de 1878

Iván Serguéievich: Recientemente, al pensar en nuestras relaciones, con gran sorpresa de mi parte me di cuenta de que no siento animadversión hacia usted. Dios quiera que le ocurra a usted lo mismo. A decir verdad, conociendo su bondad, estoy casi seguro de que el sentimiento de enemistad que tenía por mí debe haberse disipado antes que el mío.
Si es así, por favor, démonos la mano y, por favor, perdóneme por todo aquello de lo que fui culpable frente a usted. Para mí es absolutamente natural recordar sólo lo bueno de usted, porque hubo muchas cosas buenas en relación conmigo. No me olvido de que es a usted a quien le debo mi fama como escritor, ni me olvido de cuánto le gustaba a usted mi escritura y de cuánto me quería. Quizá también encuentre en su memoria recuerdos así en relación conmigo, porque hubo un tiempo en que lo quise sinceramente.
Con esa misma sinceridad le ofrezco, si puede perdonarme, toda la amistad de la que soy capaz. A nuestra edad sólo hay un bien –las relaciones afectuosas con la gente. Y me sentiré feliz si éstas pudieran establecerse entre nosotros. Conde L. Tolstói.

Purgar el espíritu de nuestras queridas....

Las querellas literarias constituyen uno de los juegos violentos y fútiles, sin los cuales los hombres encuentran demasiado larga su breve existencia. Los placeres proporcionados por dos escritores distintos deberían constituir sentimientos distintos inconmensurables entre sí, y que no se pudiesen estorbar el uno al otro. Pero así como en el siglo XVIII los admiradores de Racine se conducían igual que amantes celosos, que creían un deber purgar el espíritu de sus queridas de todo recuerdo corneliano, en nuestros días la literatura rusa ha promovido en la Europa occidental extrañas e ingenuas pasiones. Se ha estimado a Dostoievsky con furor (y se hacía bien estimándole), pero ha querido estimársele contra Tolstoi, y sobre todo contra Turgueniev. "Cuando se hace el elogio de un escritor ruso -ha dicho Robert Lynd- es costumbre hacerlo a costa de todos los demás. Todo sucede como si los hombres fueran monoteístas en su devoción a los dioses literarios, y no pudiesen soportar ver rendir culto a las imágenes de las divinidades literarias.

André Maurois, "El arte de Turgueniev".

4 de diciembre de 2007

HermanoCerdo 18

18. Como algunos de ustedes sabrán el sitio de HermanoCerdo se nos cayó por completo. Perdimos el diseño y todo el trabajo que con tanto amor habíamos hecho para ustedes, queridos lectores. Y no sólo eso. Mientras ese desastre sucedía también ocurrieron diversas cosas que fueron retrasando la aparición del número 18. Una vez pasada la tormenta nos estamos tomando las cosas con calma para que el 18 salga este diciembre. Hay un montón de cosas: reseñas de libros de Villoro, Junot Díaz, Ulítskaya; Miguel Habedero regresó de vacaciones y vuelve a colaborar con su columna; también ficción de toda Latinoamérica y otras cositas, como crónicas y poemas de la famosa revista de artes marciales Golpes y Patadas. Yo intento regresar al blog pero no se me ocurren cosas ni nada. Esto terminando de escribir un cuento llamado Grillos y espero postearlo en la semana. Por lo demás, muchas cosas que hacer. Esperen HermanoCerdo por ahí del 15 de diciembre. Sed felices.

Tolstoi

Leo en La Jornada que esta semana presentarán el segundo tomo de la correspondencia de Tolstoi: Lev Tolstói: correspondencia 1880-1910. Me llama la atención porque llevo semanas leyendo Adolescencia sin poder terminarlo. Espero hacerlo por estos días.

El libro será presentado el domingo 9 en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes (avenida Juárez y Eje Central, Centro Histórico). Participarán el bisnieto del autor, Vladimir Tolstoi; la cantante rusa, Elena Frolova, y Selma Ancira, entre otros. La cita es a las 12 horas.

3 de diciembre de 2007

Pequeño post

Cuando me paro a contemplar mi estado
y a ver los pasos por dó me ha traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;