31 de enero de 2008

pequeño post

Primero linkeo el comentario de Víctor Manuel Mendiola al Diccionario crítico de la literatura mexicana, de Christopher Domínguez Michael. Luego linkeo la carta que Guillermo Samperio envió a la directora del Fondo de Cultura Económica. Luego la entrevista aparecida en Milenio en la que nuestro Belinsky responde a las acusaciones de los primeros dos. Y luego, casi exagerando, linkeo una gráfica en la que se señala con porcentajes y todo el número de páginas que cada autor tiene en el diccionario. Después reproduzco dos típicas respuestas aparecidas en un blog en el que se reprodujo la nota:

  1. Nely

    Las críticas parecen obedecer a la rabia de que no les surgió la idea del diccionario a ellos. Coincido con Dominguez pues creo que las mismas nos favorecen, con ellas se despierta el interés de conocer la obra…Saludos.

  2. Irad

    Pues sí, pareciera que la molestia es que no fueron incluidos quienes están haciendo los cuestionamientos o porque Christopher no incluyó a los amigos de los primeros.

    Saludos!


Y por último linkeo la reseña de RafaelLemus aparecida en Letras Libres. Y luego comento.

24 de enero de 2008

La mala leche editorial

Estaba leyendo la crítica de Enrique Krauze a los dos tomos que la UNAM publicó "hacia" la celebración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución. Es una crítica con la que se puede estar de acuerdo, desde su posiciòn respecto del lujo de la edición (yo la tengo y es un problema incluso sacar los tomos de la caja) y, me imagino, respecto de la idea general de la obra. Personalmente me gusta leer reseñas de ese tipo de libros y las prefiero a las reseñas de primeros novelistas hot. Digo que en todo parece una crítica coherente y con sentido excepto por la mala leche editorial que uno advierte en el párrafo con que los editores anuncian el artículo:

Enrique Krauze analiza el doble volumen de ensayos históricos con que la UNAM ha querido anticiparse a la conmemoración del Centenario de la Revolución y el Bicentenario de la Independencia.
Y Krauze agrega un refrán judío: "Duerman rápido que necesitamos las almohadas"

Y ese es el detalle editorial, lo que da la pauta, porque entonces uno lee la crítica ya no con el sentido común que le es propio, sino con el sentido que los editores le dan en su presentación, algo así como decir: "¿Qué oscuros designios tendrá la UNAM -y mas propiamente su Instituto de Investigaciones Históricas- para querer anticiparse a todos en la celebraciones patrias?" Y entonces, ya sin reparar en la buena crítica de Krauze, uno se pone a pensar: "¿Qué oscuros designios tendrá alguien que se moleste porque alguien o algo, según esto, se anticipa a todos los demás en dicha celebración?" Y ya en serio, ¿anticiparse a quién? Es como pensar que la actividad y las publicaciones de los institutos de Históricas y Filológicas se han anticipado alevosamente a los festejos patrios. Era más grave cuanso se propuso a Fernando Landeros, el del Teletón, para conmemorar los centenarios.

Mi pregunta es, ¿era necesaria esa mala leche para una reseña así? Es por eso que algunas reacciones han sido acaloradas, como la que dio Ariel Rodríguez Kuri, del Colmex, entre otras. Regreso a trabajar.

14 de enero de 2008

Alf

Mi amigo Alf Onshuus fue secuestrado el domingo por las guerrillas de las FARC junto a Ana María, su compañera. Alf y Ana María estaban en el Chocó de excursión.
En el blog de quien lo cuenta, el resto.

9 de enero de 2008

Sobre blogs y crítica literaria

Cada vez que leo que un escritor arremte contra los blogs, sinceramente no sé qué pensar, porque rara vez dicen algo con sentido sobre los blogs. Les molestan las difamaciones, los insultos anónimos, la supuesta crítica, etc, pero todo eso tiene que ver con los blogs tanto como tiene que ver con los noticiarios, periódicos, libros y un montón de cosas. Estas cuestiones no son atributos de los blogs ni nos dicen nada acerca de su peculiaridad. Lo digo a propósito del post de Gustavo Faverón en el que comenta ciertas declaraciones de Jonathan Franzen en contra de los bloggers. No creo sinceramente que se deba argumentar tanto respecto de este sencillo problema de crítico literario vs blogger. Cualquier lector que se precie debería tener bien claro lo que entiende por crítica literaria, la verdadera y útil crítica literaria. No tiene nada que ver con blogs o bloggers. Porque imaginen que un día Harold Bloom decide abrir un blog. O piensen en los bloggers cuyas opiniones realmente se acercan a ese concepto llamado crítica literaria. Yo tengo tan claro lo que considero crítica que no me molesto en decir quién es o no crítico literario. Alfred Kazin lo era, pero mis amigos no lo son. Sin embargo ambas opiniones me interesan, y creo, con toda sinceridad, que ambos tienen el derecho de abrir un blog y hablar de lo que se les dé la gana. Para iluminar las palabras de Franzen, cito un fragmento de la Autobiografía de Franklin:

In the conduct of my newspaper I carefully excluded all libeling and personal abuse, which is of late years become so disgraceful to our country. Whenever I was solicited to insert anything of that kind, and the writers pleaded, as they generally did, the liberty of the press, and that a newspaper was like a stage-coach, in which any one who would pay had a right to a place, my answer was that I would print the piece separately if desired, and the author might have as many copies as he pleased to distribute himself, but that I would not take upon me to spread his detraction; and that, having contracted with my subscribers to furnish them with what might be either useful or entertaining, I could not till their papers with private altercation, in which they had no concern, without doing them manifest injustice. Now, many of our printers make no scruple of gratifying the malice of individuals by false accusations of the fairest characters among ourselves, augmenting animosity even to the producing of duels; and are, moreover, so indiscreet as to print scurrilous reflections on the government of neighboring states, and even on the conduct of our best national allies, which may be attended with the most pernicious consequences. These things I mention as a caution to young printers, and that they may be encouraged not to pollute their presses and disgrace their profession by such infamous practices, but refuse steadily, as they may see by my example that such a course of conduct will not, on the whole, be injurious to their interests.

7 de enero de 2008

Dos citas citables

Una criatura razonable es algo maravilloso porque siempre encuentra o construye razones para ejecutar las cosas que ya tiene pensado hacer.
Benjamin Franklin, Autobiografía.

El amor a la ciencia es casi en nosotros la sola pasión duradera; los demás nos abandonarán a medida que nuestra máquina comienza a decaer, y a medida que nuestros resortes se relajan. La juventud impaciente vuela de uno en otro placer; en la edad que le sigue los sentidos pueden proporcionar deleites pero no placeres: en esta época es cuando conocemos que nuestra alma es la parte principal de nosotros: entonces es cuando conocemos que la cadena de sentidos se ha roto, que todos nuestros goces son ya independientes de ellos y que quedan reducidos a la meditación.

En este estado la alma que no apela a sus propios recursos, que no se ocupa de sí misma, experimenta un hastío cruel que le hace amarga la vida. Si intenta buscar placeres que no le son ya propios, tiene el dolor de verlos huir cuando cree acercarse a ellos. La imagen de la juventud nos hace más dura la vida, como que no podemos gozar; el estudio solo nos cura de este mal, y el placer que nos causa nos hace olvidar que caminamos al sepulcro. Es muy útil proporcionarnos goces que nos sigan en todas las edades; es un consuelo tener recursos que nos alivien en la adversidad. Las ciencias solas son las que nos sirven en todas las épocas, en todas las situaciones en que podemos encontrarnos.

José María Luis Mora, "Pensamientos sueltos sobre educación pública".


6 de enero de 2008

Pequeño post

No saben cómo me aburre todo ese rollo de los buenos propósitos del año nuevo, ya no digamos ese asunto de los recuentos de lo mejor del año, las listas y los especiales y todo eso. No que siempre haya sido así, porque antes grababa los especiales de fin de año en mi vhs con la idea de formar una especie de archivo supongo que para la salvación de la historia de la humanidad. Escribía, con plumón negro: "Resumen: 1998" y lo guardaba en una caja donde tenía un montón de recortes de periódicos y otras cosas. Como todo me impresionaba (y como no sabía nada) me imaginaba que para el 2010 tendría un archivo inmejorable. Pero hoy en día, aturdido por la vida y por las mujeres (las de ayer y las de hoy) me siento más cercano a esta frase de Chejov que a todo lo demás: "La razón y la justicia me dicen que hay más humanidad en la electricidad y el vapor que en la castidad y el vegetarianismo." Así que no pienso volverme vegetariano (al contrario) y tampoco pienso ser un casto, moral y sexualmente hablando. Quiero decir que no deseo preocuparme por estas cosas. Excepto por dos o tres cuestiones prácticas todavía me siento en el año pasado. Fui feliz comprando regalos para mis sobrinos (¿quién no es feliz comprando esos zapatitos del tamaño de tu pulgar?), pero mi 2007 sigue ahí, vivo, y yo vivo por su inercia, por lo que se fue y lo que llegó y lo que se fue pero en realidad no se fue, etcétera, y la verdad es que sólo de vez en cuando veo en qué día estoy y en qué mes. Tampoco me preocupa saber cuáles son las novedades literarias más esperadas del 2008, ni cuáles fueron los libros más grandiosos del 2007. Hoy en la mañana me robé el suplemento El Ángel del periódico Reforma, y leí la lista de lo mejor del 2007 que compone Sergio González Rodríguez. De una lista como de 40 libros sólo leí Los culpables, de Juan Villoro, y no me gustó. Lo curioso es cuando lees una frase así: "Elegido por Sergio González Rodríguez como uno de los mejores libros del año". Who cares? Lo que quiero decir es que cuando comprendes que eres un miserable mediocre no te queda otra opción que intentar cierta independencia intelectual, aunque sea una independencia de baja estofa. Así que cuando veo a un amigo y me pide que lea Las Benevolentes, le digo que no, ¿para qué? Por lo que he leído parece un libro fascinante, pero no sé por qué debería leerlo. Tampoco sé por qué debería ver un montón de pelis francesas y por qué debería estar al tanto de los sitcoms y los grupos indie y un montón de cosas. Es demasiado. Hasta hace poco me interesaban esas cosas pero ya no, y no me importa pasar por estúpido frente a cierta clase de amistades. Cuando estoy hablando y me dicen "Es fascinante, juega con la noción de destrucción" o alguna frase adornada con esas palabras compuestas de la nueva teoría, me siento estúpido, al principio, pero luego reconozco que no soy del todo estúpido por no entender algo que está tan mal dicho o escrito. Como leemos en Emerson: Shakespeare no llegó a ser Shakespeare leyendo y estudiando a Shakespeare. Escuchó su voz interior. Ya sé que la voz interior no te da de comer ni te paga la renta, pero hablo de cierta individualidad y de que la voz interior, incluso cuando no seas ni remotamente un genio mediano, existe, y así es como es posible dejar de decir pendejadas ajenas para decir tus propias pendejadas. Aunque no lo sé. Sólo estoy divagando porque cuando estoy en un Starbucks (la casa pierde, créanme, pido lo más barato y estoy como cuatro horas usando el internet; y eso todos los domingos; así que, en cuanto a mí, pagan más luz y no lo recuperan), y veo a los extranjeros entrar y salir y coquetear y buscarse amigos, y escucho a Norah Jones y todo, pienso en estas cosas y a veces me dan ganas de escribirlo pero casi siempre lo dejo pasar o anoto sólo una cosa, para insertarla después en algún ensayo o cosa así.
La verdad es que la vida en el centro me sienta súper bien. Por las mañanas, cuando doy vueltas sin sentido y los negocios comienzan a abrir, no puedo reprimir una sonrisita de felicidad. En mi libreta de tapas azules anoto muchas cosas respecto de negocios, cantinas, lugares, con precios y todo porque es muy fácil olvidarse de dónde viste esto o aquello y dónde tomaste tal café y tal platillo. Por lo que vivir en el centro tiene el ligero inconveniente de ser muy caro aunque la mayoría de las cosas tengan buenos precios. Ayer, por ejemplo, caminé al este, hacia Anillo de Circunvalación vía Moneda y todo eso para comprarme estambre amarillo. Eso era todo lo que tenía que comprar porque decidí que sería más barato si yo me hacía mis propias cortinas. En la Parisina te las hacen gratis pero se tardan como tres semanas. Así que salí y estuve dando vueltas. Entré a la parroquia de Jesús María y escuché misa durante un rato. Luego seguí por la calle de Academia. Total, cuando me di cuenta ya estaba del otro lado, y encontré un café llamado Café San José donde hice que me sirvieran el San José Especial doble, café con leche bien cargado. Como se me había olvidado el estambre, decidí regresar a la zona de las mercerías, pero en el camino decidí que podía tomarme otro café, así que fui al Café del Centro y me tomé un espresso cortado. Como ya era hora de la comida me fui al Popular y en la barra me comí una sopa de ajo con huevo y un jugo de mandarina. Luego salí y ya no tenía ganas de ir por el estambre así que fui a una papelería y compré alfileres. A esa hora siempre me pongo melancólico, porque siento que no tengo amigos y que nadie me quiere, y pienso que siempre me consigo mujeres que no pueden dedicarme mucho tiempo y que casi siempre están a la carrera, por lo que regresar a la casa era lo peor que podía hacer. Imagínense, echado en la cama, en sábado, sin nada que hacer, sin amigos, sin televisión, sin ganas de ver las pelis de zombies que a Raúl le vuelven loco y con una gata neurótica. A esa hora la luz es tan deprimente que apenas la soporto. Podría ponerme a leer historia (ahora estoy leyendo a Lorenzo de Zavala) pero no tengo ganas. Entonces decido que puedo volver al café del centro y tomarme otro café esperando que pasen las horas, sin amigos, sin vida, sin amor. Las chicas que atienden deben creer que me gustan porque yo las veo todo el tiempo. Pero no me gustan. Sólo me gustan cuando hablan y se mueven afanosas para moler el café y atender a los clientes. Pasa el tiempo. Otra vez salgo a caminar y me voy a ver chucherías. Como en una tienda están rebajando artesanías (porque están cerrando) decido que puedo hacer un gasto y comprar tres velas (como de cantera, pesadísimas) que están con rebaja de 75% por ciento, casi regaladas, me digo, y me encantan esas cosas. Así que las compro. Ya no pienso en el jodido estambre ni en las cortinas.
A las seis de la tarde rindo honores ante la estatua de Humboldt. Luego, a las seis y media, me digo que no pude encontrar el estambre amarillo y que debo volver a casa. Me recuesto, me quedo dormido. Hablo por teléfono con varias personas. Y cuando me preguntan qué he hecho, les digo: Ah, salí a buscar estambre para hacer mis cortinas, pero no lo encontré. En el Centro, joder, ¿pueden creerlo? Por eso es que se gasta mucho dinero aquí, y yo que pensaba que iba a poder ahorrar dinero. Es que no tengo sentido de la proporción. Por ejemplo, para esta quincena no voy a tener dinero, lo sé, pero ayer estuve con una chavala (ni tan chavala, la verdad) y le compré un montón de velas de santos, una de san judas, otra de la virgen y otra del niño dios y otra de dios sabe quién. Pesaban bastante. Luego fuimos a un bar llamado San Antonio o Don Antonio, luego al Salón Madrid, luego al Dos Naciones (bailamos salsa: yo estuve mirando y tocando sus caderas esponjosas todo el tiempo, me encanta) y yo insistía en pagarlo todo aunque sabía que no tenía dinero. Lo bueno es que pagamos fifty fifty, ¡pero así es como se te va el dinero en el estúpido centro! En fin, ya comenzó a poblarse el Starbucks. El tipo que a mi lado usa su laptop no me cae bien. ¿Qué voy a hacer ahora, domingo, mediodía? ¿Ir a mi casa y leer a Zavala? Serían más idiotas que yo si dijeran que sí. No, la verdad es que voy a visitar algún museo de entrada gratis. No lo sé, voy a checar. Luego voya ir a tomarme un café y a comer. Y no tengo dinero, joder. ¿Quién me compra una naranja para mi consolación?