Uno de los asistentes del entrenador me toca la espalda y me dice "Hoy vas a hacer defensa".
Yo asiento, seguro de mí, aunque todavía con los antebrazos hinchados por la última sesión de defensa, cuatro días atrás, cuando practiqué con un tipo de mi tamaño pero con unos quince kilos más. Con los guantes ya puestos miro a mi alrededor e intento adivinar con quién haré la dichosa defensa. El asistente se acerca llevando del brazo a un amigo mío, uno de mis pocos amigos (o de los pocos que me saludan bien) y lo coloca enfrente. Este chico, cuyo nombre ignoro, tiene 21 años y los sábados, el día en que descansa, toca en una banda de rock. Entrenando a su lado por primera vez en mi vida he descubierto el significado de la palabra juventud. Con 30 años apenas puedo tener la misma estamina que él. Le llevo el paso pero hay un momento en que mi cuerpo dice no más cuando el de él sigue fluyendo en total concentración.
Nos colocamos en posición. El ejercicio de defensa es sencillísimo. Consiste en bloquear un par de jabs izquierdos y un cruzado de derecha; bloquear con el antebrazo derecho un golpe al cuerpo y otro a la cara con izquierda y lo mismo por el opuesto; enseguida me lanza un golpe a la quijada pero yo me agacho y rápidamente respondo con tres golpes a sus guantes. Todo es hipotético pero los brazos y los puños chocan constantemente.
Me hace una seña para comenzar. Lanzo mis golpes. No estoy concentrado y por eso casi le pego en la nariz por un mal movimiento. Tras tres rondas es su turno y me lanza los jabs, el cruzado y los golpes al cuerpo. Comienzo a respirar hondo y en el segundo round ya siento dolor en la muñeca y los antebrazos, un dolor muy intenso, que no pienso demostrar. De cualquier manera es divertido hacerlo, el cuerpo se mueve con tanta intensidad y los movimientos y las posibles combinaciones son tan infinitas y sutiles que uno comprende a ratos por qué al boxeo se le ha llamado una ciencia, la dulce ciencia. Cuando él me finta (y eso que yo ya sé que de todas maneras va a lanzar un jab), mi cuerpo responde automática y milagrosamente a su amenaza, algo interno se ha activado y es como si entre ambos corrieran hilos que se tensan y destensan con cada uno de nuestros movimientos. Cuando en posición de defensa él avanza yo retrocedo un paso y me inclino sin pensarlo, y me maravillo de que mi cuerpo responda de esa manera, quizá no la mejor manera, porque suelo perder la posición y bajar la defensa, pero es algo que no controlo y que sólo se debe a los reflejos lentamente entrenados para evitar la agresión. Sin embargo al tercer round le pido que por favor se detenga. Su puño me está matando porque en vez de dirigirse a mi cuerpo pega directo en mi antebrazo, justo en el hueso y puedo sentir sus nudillos. (Y en el momento de escribir esto puedo constatarlo: tengo dos manchas rojas en el antebrazo, dos nudillos).
-¿Cuánto pesas? -le pregunto,repirando entrecortadamente. En el fondo quiero ganar unos segundos de descanso.
Mi querido amigo me mira desde su 1.90 de estatura y lo piensa:
-No lo sé. ¿Cien kilos?
-Puedo sentirlo.
Al término del round lo único que deseo es que el asistente nos diga que es suficiente. En vez de eso me ofrece un trago de agua. "Otro," dice, y regresamos a las andadas. Pero mis antebrazos no pueden más. Mi cuerpo dice no más y lo único que me sostiene es el orgullo de demostrarle a este chaval de 21 años que mis 73 kilos pueden soportar la carga de sus cien kilos. Al cuarto round quisiera tomarme el buche de agua de la llave. Y al quinto simplemente estoy sufriendo y eso que ningún golpe está verdaderamente destinado ni a mi cuerpo ni a mi cara. Dios bendito.
Ya en las duchas dejo que el agua corra sobre mis antebrazos. Me tomo un par de aspirinas.
A la salida me encuentro a mi amigo.
-¿Cómo te sentiste? -le pregunto.
-Bien, carnal -me dice-. Tranquilo.
Y aunque es mi querido amigo le respondo mentalmente: "Hijo de la chingada. Cien kilos". Chocamos puños y me voy a casa, bajo el granizo y entre los ríos de agua puerca.
Etiquetas: box
posted by Mauricio Salvador @ 9:36 PM,

3 Comments:
-
At 3:12 PM,
Gonzalo B said...
-
Gracias, hace tiempo que no leía un buen cuento de box. A propósito, hace poco salió una buena novela sobre el tema escrita por Ivan Goldman, antiguo colaborador de la revista Ring. Se llama The Barfighter y viene recomendada por Leonard Gardner, que para mi gusto escribió la mejor novela sobre pugilismo. Acá puedes ver un poco más sobre Barfighter: http://www.thepermanentpress.com/bookdisp.ihtml?id=528
-
At 11:30 PM,
JG Cozzolino said...
-
Entra directo a Golpes y Patadas, eh?
Abrazo.
-
At 9:59 PM,
Mauricio Salvador said...
-
Gonzalo, gracias por el Dato. Espero conseguirla, tiene buenas críticas.
Links to this post:
<< Home
About This Blog