15 de enero de 2009

La oficina gatuna

Volví a leer el cuento "La oficina gatuna", de Kenji Miyazawa. Y me gusta mucho. Si están familiarizados con la grilla, la ineptitud y la envidia laboral, este cuento les llegará al corazón. Como suele suceder en muchos buenos cuentos, lo que reina es la injusticia. Pero lo más triste del cuento es saber lo que el Gato Horno no sabe, apreciar las entretelas que lo conducen a la ruina. El primer párrafo creo que es encantador.

Cerca de la estación del tren ligero estaba la sexta oficina gatuna: un lugar exclusivo en donde los gatos escudriñaban la historia y la geografía. Todos sus secretarios vestían unas prendas arrasadas, cortas y negras. Además, como era un puesto tan respetado, cuando algún secretario dejaba su puesto, todos los michos jóvenes buscaban quedarse con el empleo. Empero, en la oficina sólo podía haber cuatro secretarios, por lo que dentro de toda esa muchedumbre sólo aquel felino que tuviese la mejor caligrafía y una excelente capacidad para leer poesía podría aspirar a ese oficio.

10 de enero de 2009

HermanoCerdo 22

Recién acaba de salir el nuevo número de HermanoCerdo. Últimamente me sorprende poder decir esta frase pero siempre, por una u otra razón, logramos salir adelante. Los contenidos de este número son, en mi opinión, muy interesantes, una crónica desde la frontera de Isarel y Gaza, reseñas de literatura peruana, de Crash, de Ballard, de How Fiction Works, de Wood, así como los ensayos de Dick y Kauffmann y un montón de material. Si les interesa pueden pasar directo a la tabla de contenidos y enterarse por sí mismos.

La ilustración es de Andrew Dillon.

5 de enero de 2009

Nuevo año, nueva casa

Días y días de raspar, lijar, limpiar, resanar, clavar, desclavar, atornillar, pintar, volver a pintar, cargar, mover, etcétera, etcétera, etcétera. Al menos esas cosas hacen más tuyo tu hogar y al final de cada día, al ver el avance, uno se siente reconfortado. Falta que me vuelvan a instalar el teléfono y el internet, que la luz esté en regla y la cocina y el baño completamente instalados. Ahora me hace falta retormar el ritmo para escribir y leer, algo que he hecho muy poco o casi nada estos días.
Y desde el miércoles el nuevo trabajo. Por lo pronto parece que voy a usar un frigobar como escritorio.