18 de marzo de 2010
The New Sex Robot
17 de marzo de 2010
Golpes y Patadas: a veinte años de Chávez-Taylor

Un clásico de los noventa
Los noventa. Mirar hacia ellos es pura nostalgia. Murió mucha gente cuyo apellido empezaba con la letra G: Ava Gardner, Greta Garbo, Gory Guerrero; la gente entraba y salía de la cárcel, los soviets se desintegraban, el viejo muro de Berlín era derribado a golpes de mazo y se lanzaron al espacio exterior aparatos de todo tipo con el fin de mostrarnos lo pequeños e insignificantes que éramos, somos y seguiremos siendo. A principios de año la figura indiscutible del boxeo era Mike Tyson. Pero un mes después, un desconocido Buster Douglas lo noqueó en el décimo asalto. Tyson cayó a la lona, boqueó como un perro en busca de aire y, ya sin protector bucal, hizo lo humanamente posible para levantarse, pero no lo logró. Un niño de un año habría podido levantarse con menos dificultades. A partir de ahí Tyson no fue el mismo, y sin su imagen omnipresente fue el momento para que peleadores de pesos más ligeros comenzaran a brillar, verdaderamente.
Un 17 de marzo, hace 20 años, los dos peleadores más grandes del momento se enfrentaron. Era la pelea del trueno contra el relámpago, de la velocidad explosiva de Meldrick Taylor contra la potencia de Julio César Chávez. Quienes hayan visto últimamente una transmisión de box por TvAzteca habrán escuchado a un Chávez borracho, fanfarrón, lleno de rencores hacia otros boxeadores. En 1990 era todo amor. México no tenía un peleador igual. Entre los ligeros sólo había un puñado de boxeadores que hipotéticamente podían ganarle. Taylor era el mejor de ellos. El medallista de oro parecía el antídoto perfecto para Chávez que, como todo mexicano, era famoso por comenzar lento, por pelear dentro y tener el clásico golpe mexicano, el gancho al hígado.
Pero Taylor tenía una velocidad tan explosiva que a la hora de la pelea las apuestas se habían decidido apenas un poco a favor de él. Y con razón. Su rapidez de manos y pies hizo que gravitara alrededor de Chávez como un planeta vuelto loco, lanzando combinaciones a la cara impávida de JC, saliendo y entrando y de vez en cuando deteniéndose en medio del ring para intercambiar golpe. Todo parecía ir saliendo a la perfección. Chávez no tenía la velocidad para contragolpear y su única esperanza dependía, paradójicamente, de la valentía de Taylor, a la hora de intercambiar golpes en el centro del ring. Taylor ganó cómodamente la mayoría de los rounds con combinaciones de tres, cuatro y cinco golpes que Chávez no podía contrarrestar.
la segunda mitad de la pelea mostró que a pesar de estar abajo en las tarjetas, Chávez había conectado sin duda los golpes más poderosos. Taylor sangraba por la boca y probablemente había sufrido ya fracturas en los pómulos. Poco a poco la gente comenzó a advertir que la pelea tomaba otro ritmo. Chávez siguió yendo para adelante, sin descando, sin frustrarse, mientras Taylor bailoteaba a su alrededor, conectando suaves golpes que Chávez recibía sin inmutarse. Hacia el onceavo round la pregunta ya no era si Taylor ganaría, sino si podría mantenerse en pie para el último asalto. Su cara se había hinchado de manera grotesca, había perdido velocidad y la sangre seguía manando de la nariz y la boca. Chávez, mientras tanto, seguía avanzando.
El doceavo round fue uno de esos rounds que muestran por qué el boxeo es grande, por qué no es el mismo juego de todas las semanas entre 22 tipos persiguiendo un balón (espero que no lean esto mis empleadores de GyP). Una vez que alguien te saca el alma a golpes, ésta jamás regresa. No vuelves a ser el mismo. Y para algunos el precio puede ser muy alto.
Lou DiBella aconsejó a Taylor salir por el nocaut. Iba arriba en las tarjetas así que mandar a Taylor a noquear a Chávez no fue sino suicida. ¿Por qué no corrió? ¿Por qué no huyó de Chávez, camino de la victoria? En vez de eso se plantó frente a Chávez a intercambiar golpes. Los que venían de los guantes de JC eran duros, duros golpes a la cara fracturada, al cuerpo deshecho, a los brazos doloridos. Taylor comenzó a tambalearse. Un gancho de izquierda encontró su mandíbula. Quedaban quince segundos. Taylor trastabilló, sus tobillos se quejaron, su visión se nubló. Chávez acomodó la cintura y lanzó un recto de derecho que dio a Taylor limpiamente y lo mandó a la lona. Richard Steel, el réferi designado, comenzó la cuenta regresiva. Taylor se tomó de las cuerdas, se levantó a los seis segundos. El público, que había visto cómo Taylor dominaba a Chávez, se volvió loco.
Taylor, aún sostenido de las cuerdas, miraba vidriosamente hacia la nada.
-¿Estas bien? -preguntó Steel.
Taylor no contestó. Lou DiBella había subido al ring, distrayéndolo.
-¿Estás bien? -repitió Steel.
Taylor tampoco contestó.
Viéndolo así, Steele lo protegió con su cuerpo, como si Chávez fuera a emerger de la nada para ultimarlo con un último golpe. Al abrazarlo alzó la mano derecha diciendo que la pelea no continuaba más. Victoria por nocaut técnico cuando sólo quedaban dos segundos. Chávez se volvió loco, DiBella se volvió loco, el respetable perdió la razón. Taylor miró con ojos estupefactos a Steele que lo tomó de las mejillas, confortándolo, y le quitaba el protector.
Después de veinte años esta pelea sigue provocando debate. ¿Hizo bien Steele en parar la pelea? ¿Merecía Taylor esos dos segundos, a pesar de la paliza que le habían propinado? ¿Merecía Chávez ganar? ¿Y por que DiBella aconsejó a Taylor que saliera por el nocaut, en vez de mandarlo a evadir a Chávez?
Para Taylor el precio fue muy alto. Había recibido una paliza en el cuerpo, el cerebro y el espíritu. El medallista olímpico no sería jamás el mismo. Tras la pelea fue llevado al hospital. Orinaba sangre, tenía fracturada la cara, desecho el hígado. A partir de ahí su vida fue una lenta debacle y los golpes recibidos los dejaron sin luz en los ojos y con un habla incomprensible.
Chávez lo noqueó fácilmente en la revancha. Fue entonces cuando se convirtió en un héroe. Con los años a él también le cobrarían la cuota de la fama y el poder.
14 de marzo de 2010
Pequeño post
11 de marzo de 2010
Los archivos de David Foster Wallace

Ahora que el archivo de David Foster Wallace ha sido comprado por la Universidad de Texas, me he acordado de un muy buen artículo de Caleb Crain que salió hace años en el número 4 de n+1. En él Crain comparaba la ansiedad de la crítica académica con la de un fan adolescente que recolecta cualquier memorabilia de su grupo de rock favorito, ensayos en el garage, sencillos caseros de cuando ni siquiera el grupo era bueno; pero nada de eso importaba siempre y cuando tuviera que ver con su amado grupo. La crítica académica es fanática tanto como podemos serlo los lectores. La aparición de un inédito atrapa con la misma fuerza a académicos y lectores, y ni siquiera tiene que ser un inédito de calidad. El año pasado, por ejemplo, salió The Original of Laura, de Nabokov, con una pésima recepción crítica. La novela fue curada a partir de numerosas tarjetas dejadas por Nabokov. En contra de la decisión de su padre, el hijo publicó la novela. Una reseña en Powells lo dice mejor que yo:
But, although Nabokov may be squirming in his grave, Nabokov fans and scholars have reason to thank Dmitri for his brave parental defiance in publishing this invaluable glimpse into the way his brilliant father worked.
Otro caso significativo es el de Ralph Ellison, cuya segunda novela, Three Days Before the Shooting, se publicó apenas en enero de este año después de una heroica curaduría editorial de muchos años. A diferencia de la novela de Nabokov, la inacabada novela de Ellison permite realmente leer muchas de sus mejores páginas. No por nada dedicó casi 42 años a trabajar en su segunda novela. Un primer manuscrito sucumbió al fuego pero Ellison se apresuró a reescribirlo cuando todavía lo tenía fresco. El prólogo de los editores a la novela de Ellison es fascinante porque asemeja el trabajo de arqueólogos profesionales que se hunden en las montañas de material que Ellison dejó en manuscritos a mano, a máquina y en disquetes de computadora. En su caso, aunque pocas, las reacciones han sido muy positivas porque no cabe duda que la novela es una obra maestra, aún inacabada. (En este sentido, creo que para muchos académicos y lectores de Joyce, esta arqueología literaria será de mucho interés).
Sin embargo, el ejemplo más acabado es el de Roberto Bolaño. Sus inéditos han mantenido fresca una obra que no deja de sorprender e irritar. En ocasiones se dice que es la avaricia la que está detrás de la publicación de manuscritos no aprobados por Bolaño. Para los lectores de buena fe cada uno de sus libros póstumos es una nueva oportunidad de ahondar en el mundo de un autor querido, incluso a pesar de que el mismo Bolaño nunca haya querido ofrecer sus libros a la imprenta.
El archivo de Foster Wallace es, así, inapreciable y superficial. Si bien sus ensayos e historias inconclusas pueden ser una rica mina para académicos y fanáticos, no veo que esa adoración por Foster Wallace deba llevarnos hasta sus poemas infantiles. Sin embargo, quien logre acercarse a los borradores de sus novelas y ensayos tendrá un lugar privilegiado para observar cuál era el proceso de composición de uno de los mejores escritores estadounidenses. Probablemente dentro de poco tendremos un nuevo libro suyo, una compilación o un fragmento de novela. Mientras tanto habrá que esperar las noticias que surjan de ese archivo.
James Wood & David Shields

Does literature progress, like medicine or engineering? Nabokov seems to have thought so, and pointed out that Tolstoy, unlike Homer, was able to describe childbirth in convincing detail. Yet you could argue the opposite view; after all, no novelist strikes the modern reader as more Homeric than Tolstoy. And Homer does mention Hector’s wife getting a hot bath ready for her husband after a long day of war, and even Achilles, as a baby, spitting up on Phoenix’s shirt. Perhaps it is as absurd to talk about progress in literature as it is to talk about progress in electricity—both are natural resources awaiting different forms of activation. The novel is peculiar in this respect, because while anyone painting today exactly like Courbet, or composing music exactly like Brahms, would be accounted a fraud or a forger, much contemporary fiction borrows the codes and conventions—the basic narrative grammar—of Flaubert or Balzac without essential alteration.
By grammar, I mean the rather lazy stock-in-trade of mainstream realist fiction: the cinematic sweep, followed by the selection of small, telling details (“It was a large room, filled almost entirely by rows of antique computers; there was an odd smell of aftershave and bacon”); the careful mixing of dynamic and habitual detail (“At one of the computers, a man was unhurriedly eating a spring roll; traffic noise pierced the thick, sealed windows; an ambulance yelped by”); the preference for the concrete over the abstract (“She was twenty-nine, but still went home every evening to her mom’s ground-floor apartment in Queens, which doubled by day as a yoga studio”); vivid brevity of character-sketching (“Bob wore a bright-yellow T-shirt that read ‘Got Beer?,’ and had a small mole on his upper lip”); plenty of homely “filler” (“She ordered a beer and a sandwich, sat down at the table, and opened her computer”); more or less orderly access to consciousness and memory (“He lay on the bed and thought with shame of everything that had happened that day”); lucid but allowably lyrical sentences (“From the window, he watched the streetlights flicker on, in amber hesitations”). And this does not even touch on the small change of fictional narrative: how strange it is, when you think about it, that thousands of novels are published every year, in which characters all have different names (whereas, in real life, doesn’t one always have at least three friends named John, and another three named Elizabeth?), or in which characters quizzically “raise an eyebrow,” and angrily “knit their brows,” or just express themselves in quotation marks and single adverbs (“ ‘You know that’s not fair,’ he said, whiningly”). At this level of convention, there is a shorter distance than one would imagine between, say, “Harriet the Spy” and “Disgrace.”
10 de marzo de 2010
Encuentro Regeneración, a partir del 16 de marzo.

Se me olvidó anunciar que el Encuentro regeneración. Narradores y ediciones chilenos invadiendo el DF, ha cambiado de fechas. Aquí reproduzco la nota de prensa:
En el siguiente comunicado de prensa detallamos las nuevas fechas del encuentro Regeneración, narradores y ediciones chilenas invadiendo el D.F. desde el día 16 hasta el 19 de marzo, y con la participación de los autores mexicanos: Jorge Volpi, Vicente Alfonso, Mario Bellatin y Alberto Chimal, además de las revistas Replicante, Letras Libres y Hermano Cerdo. Regeneración, narradores y ediciones chilenas invadiendo el D.F. es un proyecto financiado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile; Nace tras notar que en Chile había comenzado a surgir un grupo de narradores con propuestas interesantes y arriesgadas, pero que a pesar de ello, casi ninguno de estos proyectos era leído en el extranjero ya que sus libros, por diversos motivos editoriales, sólo circulan dentro de nuestros límites nacionales.
Este grupo de narradores son: Claudia Apablaza, Álvaro Bisama, Nona Fernández, Patricio Jara, Alejandro Zambra, Pablo Torche, Matías Celedón y Marcelo Mellado.
Decidimos hacer el encuentro en el D.F. pues concentra en Latinoamérica el mercado editorial más importante, por lo que nos pareció que difundir los libros de estos narradores en México podía generar la posibilidad de que ciertas editoriales se interesaran en sus trabajos, como también que el público en general y la academia se fijaran en estas nuevas propuestas narrativas.
El comité organizador de Regeneración, narradores y ediciones chilenas invadiendo el D.F., mediante el presente comunicado, confirma las fechas en que se realizará el encuentro en Ciudad de México. Las actividades se realizarán entre el día martes 16 y el viernes 19 de Marzo. Éstas consisten en las siguientes mesas de discusión:
Excentricidad y literatura latinoamericana.
Participantes: Álvaro Bisama, Patricio Jara, Jorge Volpi.
Martes 16 de Marzo, 18:00 hrs.
Aula Magna José Vasconcelos.
Bolaño y la metaliteratura actual.
Participanes: Claudia Apablaza, Pablo Torche, Vicente Alfonso.
Miércoles 17 de Marzo, 18:00 hrs.
Aula Magna José Vasconcelos.
Revistas literarias y crítica actual.
Participantes: Pablo Ortiz (Letras Libres), Mauricio Salvador (Hermano Cerdo), Revista Replicante y Revista Contrafuerte.
Miércoles 17 de Marzo, 19:30 hrs.
Aula Magna José Vasconcelos.
Silencio, violencia y postdictadura.
Participantes: Alejandro Zambra, Matías Celedón, Mario Bellatin.
Jueves 18 de Marzo, 18:00 hrs.
Plaza de la Danza
Escrituras desde el límite, ciudades latinoamericanas.
Participantes: Nona Fernández, Marcelo Mellado, Alberto Chimal.
Viernes 19 de Marzo, 18:00 hrs.
Plaza de la Danza
Las instalaciones antes mencionadas se encuentran en el
Centro Nacional de las Artes
Río Churubusco # 79 Esq. Calz. de Tlalpán
Col. Country Club. Mex. D.F.
C.P 04220
Por otra parte deseamos señalar que todo aquello que se recaude por libros y revistas vendidos durante las presentaciones de los autores en México, será destinado a ayudar a nuestro país mediante la cuenta habilitada por HSBC. La cuenta está a nombre de la embajada de Chile y es la siguiente: 4042482448.
Equipo “Regeneración”
Emilio Gordillo Lizana
Maura Salvo Epullanca
María José Pasos
Diego Zúniga Henríquez.
9 de marzo de 2010
Farc Fiction
A medias entre Horacio Castellanos Moya y Fernando Vallejo, la historia de un pueblo en vilo, como el San José de Gracia de Luis González y González. Por ahí leí que su mayor fuerza es su estilo, y aunque acepto que es contrastantemente estético respecto de su tema, hacia el final de la novela su misma riqueza parece limitar la voz del viejo profesor que deambula por el pueblo como un fantasma, no tanto como para convertirse en la conciencia del lugar o en el testigo verdadero de la masacre, más bien como una ironía novelesca, cuando todo lo bello e inocente muere y desaparece y en el pueblo sobrevive apenas un viejo jodido, que busca la belleza en las mujeres, los niños y las flores, y sólo encuentra a los jóvenes soldados que violan, matan y destruyen toda esa belleza. 

