21 de julio de 2010

Los cuentos de Leonard Michaels


Parece que ya están circulando Los cuentos reunidos de Leonard Michaels, editados por Lumen y traducidos por Aurora Echevarría, que también ha traducido obras de James Baldwin y Steven Milhauser, entre muchos otros. Recuerdo que  hace como cuatro años traduje para HermanoCerdo una historia suya fascinante, en serio, llamada "Viva la Tropicana", a la fecha uno de mis cuentos favoritos. Aquí la introducción que escribí y un fragmento del cuento:

VIVA LA TROPICANA

Durante mucho tiempo soslayado como uno de los maestros del relato, en lengua española Leonard Michaels es practicamente desconocido. Su invisibilidad no deja de ser coherente en una época en la que rutinariamente aparecen nuevos maestros bisoños del relato. Como Donald Barthelme, Michaels tenía la virtud de reinventar sus relatos sin nunca dejar de ser él mismo. “Viva la Tropicana” no es un cuento que uno pueda tildar como característicamente suyo; no es como el resto de sus relatos (sólo “Second Honeymoon” tiene un aire parecido) y ni siquiera como sus libros de más extensión (Silvya o Men’s Club, por ejemplo), pero en él se advierte su capacidad de evocar una época y un ambiente y de ser, al mismo tiempo, visionariamente posmoderno y artísticamente tradicional.
Como pequeño homenaje publicamos este cuento que apareció en el número 8 de nuestra revista, en un ya lejano octubre de 2006.
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antes de la Segunda Guerra Mundial, Cuba era conocida principalmente por el azúcar y por el sexo, aunque también había una playa muy popular de arena importada de Florida, y grandes hoteles como el Nacional donde por diez dólares podías conseguir una habitación con vista a la bahía, y casinos manejados por gángsters americanos cuyos rostros aparecían en la revista Life, como Meyer Lansky y mi tío, Zev Golenpolsky, que podía multiplicar grandes sumas en su cabeza y abrir un candado con las manos. Como fuera, los habaneros celebraban a Zev por su baile -rumba, mambo, cha-cha-chá-, ritmos que se escuchaban cada noche en Nueva York, Miami, Ciudad de México, y en casi todos los lugares de Centroamérica y algunos de América del Sur, donde Zev había viajado como bailarín de exhibición hasta que lo atrapó el gusto por los peces gordos de la mafia, y pronto estaba haciendo algo más que bailar.
Cuando venía de la Habana, Zev se quedaba en Manhattan con nosotros. Amaba a mi madre, Rosey, viuda del gemelo de Zev, mi padre. Cuando murió en un accidente de avión, de regreso de una convención de editores de revistas en Chicago, Zev se afligió mucho más que yo. Apenas conocí a mi padre. Él y mi madre, que era muda, habían vivido separados desde que yo tenía cinco años. Así que no me afligí mucho, pero ver a mi tío donde una vez había visto a mi padre era moralmente inquietante, especialmente cuando se veían igual. El apacible hombre de negocios fue remplazado por el bailarín y gángster. Inquietante, aunque casi siempre pareció natural pues Zev había estado visitándonos desde que tengo memoria. Creo que Zev siempre amó a mamá, o amó tanto a su hermano que no pudo que no pudo mantener las manos lejos de su viuda. No gastaba el tiempo en Brooklyn, con su propia esposa e hijo.
Después de la cena, me iba a mi habitación a hacer tarea. Zev permanecía con Rosey sentado a la mesa de la cocina. Fumaban y él hablaba. Yo escuchaba el ruido del encendedor, una cuchara tintineando contra una salsera, y el duro y lento zumbido de la voz de Zev. Mi madre lo dejaba hablar la mitad de la noche, aunque debía levantarse temprano para ir a trabajar a Ludmilla´s, fabricante de vestidos. Ella era una sastre que podía reproducir de memoria lo que sea que viera en un desfile de modas, y hacer cambios en el diseño sin pérdida del estilo. También tomaba decisiones sobre telas y construcciones que ahorraban en los costos de manufactura.



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19 de julio de 2010

Faulkner


En la Universidad de Virginia acaban de subir un archivo de las conferencia y lecturas que Faulkner dio en esa universidad entre 1957 y 1958. El catálogo es amplio y uno puede escuchar, por ejemplo, la lectura de Faulkner de un fragmento de The Sound and the Fury.

16 de julio de 2010

Asamblea portátil

Alexis Iparraguirre escribió una amplia y detallada reseña de Asamblea portátil, donde está incluido mi cuento "El hombre elástico", que escribí hace varios años y que en lo esencial me sigue gustando. Estimo la antología no tanto por narcisismo sino porque "El hombre elástico" es mi único cuento publicado en un libro. He publicado varios cuentos en HermanoCerdo pero dados los vínculos que me atan con dicha revista creo que se me puede acusar de influyentismo y compadrazgo o directamente de autopromotor. Sin embargo, hay ventajas en las publicaciones digitales, pues permiten que varios despistados en otras partes del globo puedan leer lo que uno hace y hacerse así una idea general de por dónde va la cosa. Del cuento en sí, dice Iparraguirre:

“El hombre elástico” de Mauricio Salvador (México) es otra crónica de infancia en la que el narrador se ve a sí mismo de cinco años. El relato se mueve, impávido, ante un niño hiperactivo, demasiado consciente, travieso y con tendencia a prolongados períodos de introspección, que combate a diario con una hermana mayor, demasiado sensata; un abuelo gruñón de la vieja escuela; y una madre sola que busca, al parecer, conseguir nueva pareja. El momento clave del cuento consiste en el encuentro de su protagonista con el muñeco del hombre elástico, su héroe favorito, en las vitrinas de un centro comercial. Antes de que pueda reaccionar, aparece a su lado un anciano orate y pordiosero que reclama ser un auténtico hombre elástico, un contorsionista retirado de circo, que se empeña en hacer una demostración de su habilidad frente al chico. La familia que lo había perdido de vista se encuentra con esta escena y el pretendiente de la madre muele a golpes al loco, sin el menor miramiento, asumiéndolo como amenaza. La clara analogía entre hombre elástico, ex contorsionista loco y el niño señalado por todos como extraño y fuera de sus cabales cierra con un acento estremecedor el encierro del pequeño infante en el cuarto de baño. Conciso bildungsroman sobre la segregación del diferente, proyecta sus alcances sobre el presente de la misma voz narrativa.

Y de la antología:

Luego de revisar las historias de Asamblea portátil, se tiene una impresión semejante a la que ofrece Salvador Luis en su prólogo, pero no idéntica. Como señala Luis, las deudas con el Boom siguen siendo notables: la tradición formal del fantástico argentino se ramifica tanto en relatos fantásticos como realistas; el suspense y el relato de género asoman invariablemente; el discurso metaficcional, usualmente vinculado a una escritura de formación académica, tampoco está ausente. No obstante, provoca relativizar la influencia del Posboom, sobre todo porque en América, un continente pobre, jamás tuvo ediciones que alcanzaran durante los años noventa –el periodo formativo de todo estos escritores- el tiraje, la difusión y la penetración que alcanzó la generación de Cortázar, Vargas Llosa y García Márquez; a decir verdad, el Posboom sigue siendo relativamente inaccesible en la extensión del continente americano. Del mismo modo, Macondo, Crack y Nocilla han sido declaraciones de principio de impacto poco sustancial fuera del medio académico, la prensa cultural o el círculo de los enterados usuales. Más bien, el consumo masivo y la cultura popular norteamericana merecen una atención mejor y mayor en el conjunto de escritores de Asamblea portátil


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¿Comprar un libro o licenciarlo?


¿Cómo resolver el problema del ebook?
Por Kristen Gladiuk, en HermanoCerdo

La comparación entre los ebooks y los libros impresos es un tema delicado para muchos, y varía según a quién le esté hablando uno en ese momento. En mi investigación, he comprobado que hay lugar para los radicales en cada lado del argumento: el grupo de “no es lo mismo leer un libro en una pantallita”, compuesto mayoritariamente por románticos que no pueden separar el contenido de la forma; y el grupo que favorece la “gratificación instantánea que ofrece lo digital, y que quiere su biblioteca entera siempre a la mano. En el medio hay un grupo cuyos argumentos siguen tomando forma —personas que reconocen la conveniencia de unebook pero que se sienten desalentados por sus variadas limitaciones. Yo he permanecido firme en el grupo de los libros impresos, siempre preocupada de que mis hardcovers serán convertidos en ebooks y que mis estantes se secarán y se marchitarán. Sin embargo, mi posición en este artículo tiende más hacia el centro, intentando encontrar ese je ne sais quoique falta en los ebooks y que podría ayudarles a encontrar su propia forma y estética. Señalar y mejorar las pobres cualidades en los ebooks ayudaría en el desarrollo de una entidad propia y, en el proceso, les ganaría dedicados bibliófilos como yo. (Sigue leyendo)

6 de julio de 2010

Kobo


De los eReaders que últimamente han aparecido en el mercado, el que más me ha llamado la atención es el Kobo, del cual me platicó mi amigo Pablo Domínguez. Es de los más baratos en el mercado (149dls y con cien libros precargados) y tiene una interfaz muy atractiva e intuitiva. Con este reader creo que ya he visto como treinta por ahí y es bastante sorprendente, la verdad. Lo que sería ideal, es que las grandes tiendas cono Amazon y Barnes&Noble lanzaran una aplicación para que sus formatos se puedan leer y hasta descargar en estos eReaders que son más accesibles para los lectores en general. Para México sólo nos falta un eReader de manufactura nacional. No me imagino cómo podría ser.


1 de julio de 2010

Extra Lives. Why Video Games Matter, de Tom Bissell


Me escribí una chafi reseña en HC de Extra Lives. Why Video Games Matter, de Tom Bissell. Si les interesa el asunto, pueden leerla aquí.
De Bissell, por cierto, tradujimos un artículo aparecido en The Guardian acerca de su adicción a los videojuegos y la cocaína, gran combinación. Aquí un fragmento:


Tom Bissell era un joven escritor aclamado y premiado. Entonces empezó a jugar Grand Theft Auto IV. Por tres años fue adicto a la cocaína, sufrió de privación del sueño y apenas es capaz de escribir una palabra. ¿Algún remordimiento? Ninguno.
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Hubo un tiempo en el que escribía por las mañanas, corría al final de la tarde y pasaba la mayor parte de mis noches leyendo. Hubo un tiempo en el que descartaba como improductivos aquellos días en que me las arreglaba para escribir “sólo” un millar de palabras. Hubo un tiempo en que el jugaba videojuegos casi exclusivamente con mis amigos. Hubo un tiempo en el que que de vez en cuando me daba un atracón de videojuegos, pero entre tales atracones rara vez había quince días de diferencia. Hubo un tiempo en el que me sentía, más o menos, contento.