1.- En un ensayo Chuck Klosterman afirma que el mejor jugador de todos los tiempos es un tal Ralph Sampson, un centro de 2.24 metros de altura que en televisión lucía "imparable", una criatura cuyo esqueleto parecía diseñado expresamente para jugar al basquetbol. En su momento la obsesión de Klosterman por Sampson casi me convencía pero partir de una cuestión puramente atlética no tiene para mí ningún encanto posiblemente porque nací sin ninguna bendición atlética y porque siento que es mi deber revelarme ante semejantes injusticias genéticas (Creo, por cierto, que una argumentación parecida podría hacerse sobre Penny Hardaway, quien al igual que Sampson debió retirarse a raíz de sus problemas de rodilla).
2.- Cada tanto los escritores de deportes se ven enfrentados al dilema del Top 100. Se trata de establecer un ránking histórico de los 100 mejores en determinada disciplina. El ejemplo más obvio son las discusiones sobre los 100 mejores boxeadores de todos los tiempos. Hoy en día, si uno se toma el tiempo, puede leer una interesante discusión acerca del lugar que ocupa Manny Pacquiao en el Top 10 de todos los tiempos. Por lo regular hay ciertos factores que en el boxeo deben tomarse en cuenta: "experiencia/nivel de competición", "ring generalship", "longevidad", "dominio", "durabilidad", "desempeño en contra de oponentes de mayor peso", e "intangibles". Menciono esto para comentar la grandeza del mejor jugador europeo de todos los tiempos, el croata Drazen Petrovic, y apoyado en los siguientes momentos y argumentos: su dedicación al deporte, su lugar indiscutible como el mejor jugador europeo de todos los tiempos (llegó a marcar 112 puntos en un partido), su incorporación a la NBA, sus malos años con los Blazers, sus dos años con los Nets, su desempeño ante el Dream Team en Barcelona 92.
3.- Vlade Divac y Drazen Petrovic llegaron el mismo años a la NBA. Ambos formaban parte de la selección yugoslava de basquetbol, el "Dream Team europeo". La anécdota dice que Vlade y Drazen hablaban por teléfono todos los días, se apoyaban, se contaban cosas, hacían lo que los amigos suelen hacer. Pero a raíz del desmembramiento comunista hubo aires nacionalistas, tensiones étnicas. En una final Divac interceptó a un aficionado que entró a la cancha con una bandera de Croacia. Lo hizo porque ellos eran el equipo de Yugoslavia, y no el de Croacia o Serbia o Bosnia. El episodio se desbordó mediáticamente. Divac se convirtió en un héroe para los serbios y en un "Chetnik" para los croatas. Drazen, que se sentía croata antes que nada, rompió la amistad con Divac.
4.- Lo que me intriga es por qué Drazen se negó a escuchar las razones de Divac, su amigo. Y eso me hace pensar en los amigos que uno pierde por razones ideológicas, de partido, en los distanciamientos que suceden cada día, distanciamientos reales, físicos, que luego, parecen subsanarse, en apariencia, por las relaciones digitales que nos rigen hoy en día. Pienso en "la perdurabilidad innecesaria de vínculos" de la que habla mi amigo Javier, y de si es posible prescindir de ello, si es lógico. Por extensión pienso en la "reputación virtual" que uno se crea en estas redes. Y en los amigos que he hecho vía estas mismas redes.
5.- En la final de Barcelona 92 se enfrentan el Dream Team y Croacia. Yugoslavia ha sido castigada y por ello no participa. Los croatas en cambio han conformado el equipo croata más grandioso del que se tenga memoria. Si uno ve el partido con calma podrá apreciar que en toda la cancha no hay ningún jugador que se mueva con tanta urgencia como Drazen Petrovic. Como en muchas ocasiones siente sobre sus hombros la responsabilidad del triunfo. Pero a diferencia de otros juegos en esta ocasión debe llevarlo a cabo en contra del equipo más poderoso que se haya formado. Esta sola imagen da una idea de la grandeza de Petrovic. En Europa fue una leyenda, pero al llegar a EU apenas jugó 15 minutos en cada partido. Fue relegado y debieron pasar varios años para que se le pudiera ofrecer la oportunidad de mostrar su valía.
